Ni el doctor Rafael Ramos pudo evitar los ojos llorosos cuando bajaba a la zona de vestuarios tras el encuentro ante el Numancia. No era una imagen aislada, porque los mismos síntomas de tristeza y abatimiento se reflejaban en los rostros de Víctor Orta, Carlos Suárez, Alfredo Merino y bastantes jugadores de la primera plantilla. Era el partido crucial, el que podía enganchar al Real Valladolid a la Liga, y se había saldado con una superioridad manifiesta en el juego y una derrota injusta y dolorosa por la forma en que llegó el tercer tanto soriano. «Si el Numancia nos hubiera marcado el tercero en un contragolpe, cuando estábamos volcados, no habría pasado nada. Esto es fútbol», decía Alfredo Merino. Pero la caída llegó por la vía más inesperada, la de un penalti que horas más tarde quedaba en entredicho por las imágenes de televisión.