EN el mismo lugar, dos años más tarde. The Hilliard Ensemble dejaron tan buen sabor de boca en el 2004 que la expectación era máxima. Y no defraudaron al público que llenaba el templo y que, acostumbrado a la calidad de estos cuatro prodigios de la Naturaleza, va a obligar a la dirección del festival a no bajar la guardia; el listón está demasiado alto.
Durante hora y media, la formación británica invadió de una tensa magia el auditorio con sus excelsas voces, con un repertorio religioso que completaba el repaso a los tres compositores de música sacra vocal más grandes de la Historia, iniciada hace dos ediciones con el abulense Tomás Luis de Victoria y culminada esta jornada con Di Lasso y Palestrina. El armazón que construyen estos cantantes es tan sólido como exquisito, no se atisba un solo resquicio en el empaste de sus voces, metódicamente administradas, con pianísimos llegados de otra galaxia y todo un repertorio de recursos que encajan arrolladoramente sin concesiones al individualismo.
Y cuando sonaron las últimas notas de la antífona 'In Paradisum', el público aplaudió a rabiar y solo se levantó de sus asientos para homenajear a este dechado de arte.