La semana pasada el gol del Real Valladolid se cotizaba a cinco ocasiones claras por unidad. A mitad de semana, Alfredo Merino aseguraba que la falta de definición no le preocupaba porque se debía a errores individuales, aspecto en el que un técnico tiene poco que decir. Ayer, en Los Pajaritos, apareció la inflación y elevó el índice goleador blanquivioleta hasta las nueve ocasiones. Una tendencia que aboca a la ruina a cualquiera, pero más aún a un equipo que tiene una moral endeble y que dos temporadas después del descenso sigue sin saber defender una jugada a balón parado.