Queda muy lejana en el tiempo la etapa en la que Becerril de Campos mantenía en pie su muralla, sus siete iglesias y algunas de sus costumbres, como la de humillar públicamente junto al aljibe a toda persona que se había saltado a la torera los preceptos civiles y religiosos. El paso del tiempo no ha concedido ni un respiro ni un perdón y ha borrado algunas de las huellas del pasado.
Sin embargo, el escudo de esfuerzo y amor propio con el que los becerrileños han defendido lo suyo ha valido en más de una ocasión para ganar la batalla, para lograr mantener la esencia y el sabor castellanos en su casco urbano. Una de las últimas medallas conseguidas ha sido la declaración de la localidad como Conjunto Histórico Artístico. No en vano, hoy es el día en el que la mirada atenta y curiosa del viajero no sabe aún donde detenerse. En cada rincón hay algo que admirar, algo por lo que quedarse quieto, sin pestañear: desde la puerta de la muralla, la iglesia de Santa Eugenia o la fuente hasta el Ayuntamiento, el Canal de Castilla, las reliquias del museo de Santa María o la rehabilitación de San Miguel.
Los becerrileños están orgullosos de lo que tienen, pero para salir vencedores de la lucha contra la despoblación tendrán que acometer un esfuerzo más. Porque además de lucir, deben saber promocionar su riqueza artística. «Cada pueblo es consciente de las posibilidades que tiene. Todos no podemos tener un polígono, ni pensar en una concentración de urbanizaciones, porque sería inviable. Becerril sabe lo que tiene y ahora está empezando a venderlo al exterior», comenta el alcalde, Mario Granda.
A esta promoción turística se unirán a la vuelta de la esquina otros proyectos, como el polígono agroganadero, que permitirá sacar las explotaciones ganaderas del casco urbano, la depuradora, la modificación de las normas urbanísticas, la construcción de viviendas sociales y la mejora de los servicios.
A la espera de este futuro inmediato y emocionante, cada una de las ventanas del Ayuntamiento luce una máxima o refrán, que anima a pensar a cada becerrileño que la máxima por la que todos luchan no es otra que mejorar su bienestar. Pocas localidades hay que con apenas un millar de habitantes disfruten de un equipo de fútbol en Tercera División. Becerril de Campos cuenta con este orgullo desde hace ya ocho temporadas.
A esta hazaña ha contribuido un club y un grupo de jugadores que a lo largo de estos años han sudado la camiseta para cosechar tres puntos algunos domingos y subir en la clasificación; para arañar un tanto del empate en otras ocasiones o incluso para saber perder en las jornadas más difíciles.
De esta manera, el club se mantiene en Tercera División, y hoy los jugadores, en el puesto 15 de la tabla, se enfrentan al Benavente. La tarea no es fácil, los ánimos no están para mucha fiesta después de la derrota del pasado domingo, pero para animarlos ya estará la afición.
Si Becerril puede decir que tiene un equipo en Tercera División es también por el apoyo incondicional de los socios y los aficionados que les acompañan cada domingo. Detrás de esos gritos y aplausos desde las gradas del Mariano Haro se esconde una cadena de trabajo altruista, voluntario y desinteresado.
A los miembros de la junta directiva no se les caen los anillos, aquí el fútbol todavía no ha cedido protagonismo a los números ni a la rentabilidad, y ellos mismos se encargan no solo de animar a los suyos sino de dejarles todo listo. Jesús Santiago, Francisco Andrés y otros compañeros se encargan de regar el césped del campo, de lavar los uniformes, de preparar el avituallamiento, de vender las entradas.
Al fin y al cabo, una parte de los trofeos ganados por los jugadores en el campo serán compartidos con ellos.Próximo pueblo: Reinoso de Cerrato