Este tipo de recitales suelen tener un objetivo claro: el lucimiento de la diva de turno; y Renée Fleming, con su canto expansivo y su gran poder comunicador, es una candidata perfecta para hacer flotar en el aire este repertorio. Están todos los clásicos esperados: desde los 'Ave Maria' de Bach, Gounod y Schubert hasta una hermosa versión de Amazing Grace, pasando por Mozart o Fauré. Afortunadamente, el canto es sencillo y directo, no muy amanerado (la ocasión se prestaba) y el resultado es un recital bello y sin aristas, de grata escucha gracias a las dosis de terciopelo que Fleming reparte, aunque por momentos se roce la cursilería.