Con un reciente bronceado hawaiano y ese pendiente en la oreja izquierda que se plantó el día en que decidió hacer frente a su crisis de madurez tirando por la calle de en medio, Harrison Ford presentó ayer desde Barcelona, y para toda Europa, 'Firewall', su nueva película; un 'thriller' sobre el complejo mundo de la informática. De mirada taladrante y sonrisa escéptica, Ford tiene fama de hueso duro de roer frente a la prensa y él mismo se encarga de cultivarla. Para este actor de 63 años, natural de Chicago, hijo de padre irlandés y madre rusa, que fue un excelente ebanista antes de convertirse en Han Solo, no hay nada más placentero en el mundo que pilotar un avión. Y volar parece ser para él lo contrario de enfrentarse a un periodista. De ahí quizá lo plomizo de algunas de sus respuestas. Alguien le preguntó ayer qué ha aprendido de tantas mujeres bellas con las que ha trabajado, y él murmuró: «Por lo visto, no lo suficiente».