El termómetro de las sensaciones ha descrito la misma parábola en Fernando Alonso durante los dos primeros fines de semana del Mundial. Vacaciones el viernes, estrés el sábado y alivio el domingo. O lo que es lo mismo, día libre en la primera sesión de entrenamientos, agobio en la decisiva jornada de calificación y sabor a victoria en carrera, en el verdadero mano a mano con los demás pilotos y monoplazas. El campeón del mundo lo tiene claro: Renault y él mismo tienen que mejorar los sábados.
En Bahrein se torció la contrarreloj -como le gusta describir al español la sesión sabatina por su afición al ciclismo- por cuestión de tiempo. A Fernando Alonso casi se lo come el reloj por la parada general que hubo después del accidente de Kimi Raikkonen. Apurado y con nervios, tuvo que salir a dar la vuelta rápida cuando apenas faltaban dos minutos para cerrar la tanda.
En Malasia el problema fue la gasolina. Todo emerge por el nuevo formato, más apetecible para el aficionado, pero que no gusta a los pilotos. Dividido en tres segmentos, los dos primeros eliminan a seis coches por cada tanda. Cada cual puede salir cuando quiera a la pista y con la gasolina que elija.
Normalmente, todos arrancan con poca para ir más ligeros de peso. En la tercera manga -diez pilotos para buscar la pole-, cambia el asunto del combustible. Todos los equipos deben rodar con la cantidad que vayan a utilizar durante la carrera del día siguiente. Por ese motivo, los coches aceleran de inmediato, para quemar gasolina y reducir kilos. En última instancia, al límite del tiempo, el piloto entra en el 'box', cambia los neumáticos y aprieta en busca de su vuelta rápida.
Error de juvenil
Ahí le vino el problema a Fernando Alonso. Cargó combustible en dos ocasiones porque sus auxiliares no habían certificado que el líquido ingresaba en el depósito en el primer repostaje, al empezar la tercera tanda. Una maniobra difícil de explicar cuando hablamos de un montaje informatizado, digitalizado, milimetrado por cientos de ojos. Como decían voces por el 'paddock', un fallo de juvenil. Algo así como saltar al campo de fútbol con tacos de aluminio en un césped helado.
Al acabar la primera contrarreloj de su vida en Sakhir, Alonso no dudó en calificar el día como «estresante. Puede que los aficionados disfruten, pero yo no ye sentido ninguna emoción. No lo he visto nada interesante». Logró el cuarto mejor tiempo, por detrás de Schumacher, Massa y Button.
En Sepang, el circuito de sus mejores sueños, volvió al escalofrío del sábado. Comentó el contratiempo que había acontecido en Renault y, por inverosímil, costó trabajo creerle. Más de uno y de dos pensaron que se trataba de una estratagema para definir una novedosa estrategia de carrera. Una parada en 'box' o así.
Fisichella, que sufrió un problema hidráulico en Bahrein y recibió por eso las disculpas de Renault, hizo la 'pole' con la gasolina justa.
«Tenemos que afinar en la contrarreloj -explicó el campeón del mundo en Malasia, antes de poner rumbo a Japón, donde le espera una semana de compromisos publicitarios con la tabaquera Mild Seven-. Hay que conseguir que la sesión de calificación se desarrolle de una manera normal, sin los problemas que hemos tenido ya en Bahrein y Sepang. Australia es un circuito muy interesante, que mide a los coches y en el que Ferrari volverá a estar delante».
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