 El viento que sopló por los páramos de los alrededores de Valladolid puso a los corredores en fila de a uno durante la mayor parte de la etapa. / RAMÓN GÓMEZ |
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| EL GANADOR: ÁNGEL EDO |
Su tiempo: 3.45.31.
Datos: Rodó a una media de 41,239 kilómetros a la hora
Palmarés: Este catalán de 35 años (4 de agosto de 1970), es profesional desde 1992 y ya en 1991 ganó en la Vuelta a Castilla y León formando parte del equipo ADO. Ha conseguido victorias en el Giro, Vuelta a Chile, Algarve, Asturias, Portugal, Miño, GP. Mitsubishi, Vuelta a Murcia o Semana Catalana. En Castilla y León lleva cinco: 1991, 1993, dos el 2002 (segunda y quinta etapa), y la de ayer.
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No pudo tener mejor comienzo la Vuelta en su nueva etapa bajo la dirección de José Luis López Cerrón. Por un lado la amenaza de lluvia y viento solo se cumplió en parte, completando al final una jornada más que aceptable aceptable y típica de la primavera que precisamente comenzó ayer poco después del final de etapa. Por otro, los profesionales demostraron a las primeras de cambio que no vienen dispuestos a cumplir el expediente y desde el kilómetro 16 al 145 no faltaron los intentos de escapadas, con figuras como Vinokourov, Popovych y Rubiera dejándose ver entre los que dieron la cara tanto al comienzo como al final. Por si fuera poco, la llegada respondió a los pronósticos y 29 hombres disputaron un esprint en el que Ángel Edo -35 años a sus espaldas y otras cuatro victorias anteriores en la vuelta a Castilla y León- demostraba que todavía le queda cuerda para rato.
No faltó nadie a la cita. Los 120 corredores previstos tomaron la salida en la plaza de Colón bajo los auspicios del director general de Deportes y del alcalde de Valladolid como representantes del primer patrocinador y de la ciudad que acoge la jornada inaugural. Por entonces -11.55 de la mañana- los temores de lluvia y viento se mantenían en todo lo alto, pues incluso cayeron unas gotas en los prolegómenos. Pese a la amenaza más que probable, fue a José Antonio López a quien le cupo el privilegio de ser el primero en intentar la escapada en el kilómetro 16, una frivolidad como otra cualquiera que no tuvo mayor historia.
Zafarrancho general
Claro que para frivolidades la que puso a todos los seguidores en revolución. Fue al poco de capturar a López cuando se producía un segundo intento de una veintena de corredores entre los que había nombres como los de Popovych, Vinokourov, Iban Mayo o Paco Cabello, la flor y nata del pelotón y la mitad de los candidatos al triunfo final. Como no podía ser de otra forma todo resultó una especie de espejismo, producto más del deseo de no perder la cabeza del pelotón que de intentar una aventura para la que no había llegado ni el día ni el momento oportuno. Una cosa cierta es que en esta primera parte de la carrera hubo varios momentos en los que el viento sopló de costado, lo que sembró el pánico en el seno del pelotón e hizo que todos los hombres con ganas de dejarse notar anduvieran listos, por lo que se repitieran las escaramuzas por aquello de que 'el miedo guarda la viña'.
Bien por probar fuerzas, bien para evitar que lo intentaran otros, fueron constantes los intentos de fuga en una carrera que se fue serenando a medida que pasaron los kilómetros. Lo mismo que la lluvia, que apenas hizo acto de presencia hasta el final, pero sin llegar a molestar los intentos por preparar lo que sería un selectivo esprint. Por una causa o por otra, el caso es que el interés fue en aumento, máxime cuando el trazado por el monte de Torozos se hizo cada vez más sinuoso, además de contener la única subida puntuable del día.
Claro que lo que resulta interesante para unos es un suplicio para otros. Los menos atentos, o los menos fuertes, pagan las consecuencias de los cambios de ritmo en forma de un esfuerzo adicional y de pérdida de tiempo. De hecho bien se puede decir que la mitad de la nómina que tomó la salida ha perdido gran parte de sus opciones. En una Vuelta donde a veces un décima de segundo decide el podio, perder 1.35 o más en la primera etapa resulta algo así como un suicidio prematuro.
Con el viento a favor
Un intento que tuvo opciones de prosperar fue el que protagonizaron Julián sánchez, Israel Núñez y Raúl García. Se adelantaron en el kilómetro 90 y su ventaja fue aumentando hasta llegar a los 2.35, pero si algo bueno tiene el viento es que resulta tremendamente imparcial, no tiene favoritos y sopla igual para todos. La ayuda que estos tres hombres recibieron cuando la carrera empezó a mirar hacia Valladolid resultó idéntica para sus perseguidores. Así que a falta de 25 kilómetros para la meta las cosas estaban en cabeza de carrera como al principio, con todos agrupados. De nuevo Vinokourov, Rubiera y Francisco Pérez aparecieron de controlar para sus respectivos equipos. El ritmo era endiablado, y en Pío del Río Ortega entró como una exhalación Israel Núñez, pero la experiencia es un grado y la pedalada de Ángel Edo apareció en el momento justo.