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Martes, 21 de marzo de 2006
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HABÍA expectación por el partido entre los dos grandes de nuestro baloncesto con el liderato en juego. Reconozco mi simpatía hacia estos dos equipos, poderosos, profesionales, con jugadores de talento y bien trabajados tácticamente. Aprecio también el enorme valor de lo que están haciendo frente a los equipos futboleros. Y por ello constato la decepción que me produjo el partido. Vale, sí, fue intenso, hubo derroche de energía y llegó vivo hasta casi el final, cuando la canasta imposible de Pepe Sánchez lo rompió definitivamente. Pero estas dos amplias y profundas plantillas dan mucho más de sí, individual y colectivamente. El partido pocas veces cogió fluidez, se echaron en falta actuaciones individuales de categoría y ni siquiera la resolución tuvo aires de grandeza. Quizás era querer demasiado, pero bueno, si no pedimos a los reyes un gran partido cuando se enfrentan los dos mejores equipos de la ACB

Como la vida misma. Existen dos formas de valorar a un jugador. Una es la clásica, observar lo que hace cuando está en la cancha. La otra consiste en ver lo que pierde su equipo cuando no está. No es lo mismo, pues esta segunda valoración ya no solo depende del valor intrínseco del jugador, sino de las posibilidades de sustitución que cuenta el colectivo. El talentoso Tiago Splitter no es el mejor jugador del Tau, pero sí es uno de los más insustituibles pues existen determinadas tareas en las que es el único de la plantilla que puede realizarlas con garantías. Por ejemplo, defender a un tipo como Daniel Santiago, el gigante del Unicaja. La mitad del liderato del Baskonia se escapó por ahí, pues el puertorriqueño hizo lo que le vino en gana. Maneja las dos manos, sabe mover los pies no solo para andar y no rehuye la pelea. Si es que la hay, que la verdad es que con Drobnjak detrás . No es de extrañar que en las crónicas y análisis del día después, se nombre a Splitter más que algunas veces que ha estado en cancha. Me recordaba esa frase tan clásica que le suele decir el despechado a su pareja cuando decide irse (o le echan): «Cuando yo ya no esté, entonces te darás cuenta lo que valgo». Para que luego digan que el baloncesto no es como la vida misma.



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