EL tema de uno de los coloquios del curso que organiza estos días el Centro Buendía plantea si es posible definir el arte hoy. En 1917, la Grand Central Gallery de Nueva York rechazó un urinario enviado por Marcel Duchamp bajo el pseudónimo de R. Mutt. Sus miembros dijeron que eso no era arte. Hoy, 'La fuente', el urinario que Duchamp giró noventa grados, es una de las obras más significativas del siglo XX: anuncio de un juego que repite cada artista: una constante provocación en la expansión de los límites que habían acotado el arte. Marcel Duchamp tiene su espacio entre los grandes de la pintura y la escultura; ha encajado en las coordenadas dilatadas por la teoría tras muchos años de polémica. Ahora son las cientos de personas desnudas convocadas por Tunick o una estatua ecuestre de Franco semienterrada en la calle las que fuerzan la duda en su reconocimiento como arte, las que intentan desubicar al espectador con prejuicios. No hay un decálogo universal de características necesarias en el arte. Su certificado debe venir de un marco teórico indefinido que avanza junto a la práctica. Una vez aceptado el arte anterior, el artista asume la obligación de dar un paso más y volver a cuestionar antiguas restricciones; y el teórico, de explicarlo y estimularlo.
La última instalación del Musac, de Monika Sosnowska, son diferentes tramos de pasillo, todos horizontales excepto el último, que es vertical. ¿Esto es arte? ¿Qué determina que lo sea? No hay unos mínimos ontológicos: unas características básicas que constituyan su ser. 'Brillo Box', de Warhol, es exactamente igual que cualquiera de las cajas de esos estropajos que podían encontrarse en cualquier supermercado americano. Ninguna cualidad física las diferencia. Pero la de Warhol es una obra de arte de valor incalculable y las otras no. Es la teoría la que determina en cierto modo que lo sea. Por ello, quien ignore el contexto conceptual de la obra no podrá reconocer en el objeto o en la instalación su condición de arte. Se la negará. Y se indignará con el dinero público que se ha invertido en museos y colecciones.
La Junta y algunos ayuntamientos y fundaciones en Castilla y León se han volcado con el arte contemporáneo, con su compra y su exhibición. Una apuesta que retoman ahora las Cortes. Para hacer el poder legislativo menos hermético, Fernández Santiago va a confiar en el arte más actual de la región. Podía haber optado por regalar bocadillos de jamón a quien se acerque a las Cortes, pero ha preferido un arte que una comisión de expertos seleccionará como gancho del nuevo edificio de Villa del Prado. Incluso el Teatro Calderón ha convertido las escaleras que dan acceso a los palcos y galerías en una exposición muy digna. Pero esa voluntad decidida de ofrecer a los ciudadanos el arte más reciente ha quedado descompensada al no ofrecer a la vez los mecanismos mínimos para su comprensión, al margen de los letreros raquíticos junto a las obras y alguna visita guiada. Y el arte contemporáneo no se muestra por lo general hospitalario con quien no lo conoce. No existe ese premio de consolación que en otros periodos ha sido la recreación en la anécdota, en el parecido con la realidad; y la gente lo rechaza. En torno al arte último hay una desconfianza muy extendida que proclama que, aquí, en este circo de minorías, todo vale, como en 'El retablo de las maravillas' de Els Joglars, en la adaptación al terreno del arte contemporáneo de esa representación de Cervantes: la escena en que los dueños de una galería de arte exageran su admiración por los objetos que un loco deja en la puerta. El público carece de unos arneses conceptuales mínimos en los que apoyar sus visitas a los museos y galerías en que gastan felices los gobiernos. Mientras, el nuevo arte, la práctica y la teoría (que explica y orienta esa práctica), sigue su ritmo vertiginoso, apoyado institucionalmente, pero sin conectar con los ciudadanos: uno de cada tres centros de arte contemporáneo perdió visitantes en el 2005.
Mañana y pasado, el Palacio de Congresos Conde Ansúrez de Valladolid acoge, con entrada libre, el curso 'La teoría del arte hoy'. El profesor Sixto J. Castro, del departamento de Filosofía de la Universidad de Valladolid, ha conseguido reunir a algunos de los más importantes teóricos actuales. Intervendrán George Dickie, de la Universidad de Illinois, clave en el desarrollo de la teoría institucional, y Cynthia Freeland, de la Universidad de Houston, que ha estudiado aquellas obras contemporáneas que han provocado más rechazo. Y Desmond y Perniola y destacados profesores españoles, en torno a una pregunta que está también en la calle: a qué llamamos ahora arte. La búsqueda de una definición que, a su vez, alimente nuevas obras, sugiera nuevos caminos para la creación. La producción artística y la teoría, en el arte contemporáneo, se sustentan mutuamente; sin una relación de subordinación. De ahí la enorme importancia de esta última, que ubica y dota de sentido al arte.
Hace pocos días, Silvia Clemente y Rafael Doctor, director del Musac, se fotografiaron felices junto a las obras adquiridas en Arco. El museo de Castilla y León se ha convertido en ese referente en España que se propuso ser: un centro audaz, valiente, que avanza junto a las últimas manifestaciones artísticas. La evidencia es -dijo la consejera hace tiempo- la fuerte revalorización de muchas de las piezas que ha comprado el museo, que aviva, a su vez, el interés de los artistas por exponer en León. Pero no explicó el porqué de ese incremento: esa plusvalía se la debe cada obra al visto bueno de Doctor, a su adecuación a la línea discursiva que este, uno de los teóricos más influyentes del país, ha trasmitido al Musac. La teoría del arte ha dejado en nuestro tiempo su papel de secundario, de glosador del arte. Ahora su labor es determinante en la constitución de este nuevo arte que no tiene por qué ser un objeto estético; ni siquiera un objeto. El éxito del Musac reside en su poder como centro de investigación e interpretación de un arte casi nonato. Un poder, el de la teoría, incomprensible aún para muchos de sus visitantes, que este curso pretende indagar.