Aún quedan cuatro años para la gran cita, pero la cuenta atrás ya ha empezado y eso se nota incluso en el día a día de Bernardos. La Subida de la Virgen del Castillo, que se celebra cada década, el quinto domingo después de Pascua en los años acabados en cero, es una fecha marcada en rojo y de inevitable regreso a Bernardos para muchos de sus hijos, pues algunos vuelven solo para ese gran día.
Los preparativos comienzan hasta tres años antes con la elaboración de camisetas, pañuelos, abanicos, lotería... para recaudar dinero que ayude al Ayuntamiento a sufragar los gastos de las fiestas, que ese año se multiplican por dos. «Se intenta que la fiesta se pague entre todos», comenta la alcaldesa de Bernardos, Azucena Yagüe Moral.
Y una parte imprescindible de esta tradición que hunde sus raíces en la pasada década de los cuarenta es la realización de flores de papel o plástico para engalanar las calles, plagadas de banderines y seis grandes arcos repletos de centenares de flores bajo los que cada diez años pasa la virgen, que el domingo sube a la ermita del Cerro del Castillo y el martes vuelve de nuevo al pueblo en una larga procesión al ritmo de la jota que en el 2000 comenzó a las siete de la tarde y concluyó a las doce de la mañana.
El baile es una parte importante del alma de esta fiesta que congrega a centenares de personas e incluso, pese a que pasan diez años de una a otra, se recuperan los grupos de paloteos que danzan delante de la patrona. «Mueve mucha gente», explica la regidora, quien destaca el especial momento de convivencia entre todas las generaciones que vive Bernardos con motivo de la romería de la Virgen del Castillo.
Flores de papel
Pero ya antes de las fiestas los vecinos también se unen para realizar los preparativos y disfrutar de las actividades culturales con los que se va entrando en ambiente. Y desde las navidades anteriores se cumple con uno de los ritos que más esfuerzo y trabajo requiere: la elaboración de los centenares de flores de papel o plástico realizadas con bolsas que las bernardinas ya guardan para llenar de colorido el pueblo con motivo de tan señalada fecha. Antes, las féminas cambiaban las reuniones vespertinas para coser por las reuniones para confeccionar las flores, que ahora de forma más individual se siguen confeccionando conforme a un modelo que las mayores no olvidan.
Después, junto a las flores naturales que adornan el arco de la plaza se montan en las armaduras de metal o madera que se reparten por las calles del pueblo por las que ha de pasar la Virgen del Castillo entre los centenares de personas que se congregan en Bernardos para demostrar su devoción por la patrona.