Repite las palabras del moro que administraba las finanzas del Cid a los valencianos como si las hubiera escuchado ayer. «No hay que enfrentarse a la ola, sino meter la cabeza y cruzarla», dice Gonzalo Martínez Díez (Quintanar de la Sierra, Burgos, 1924), parafraseando una moraleja universal. Habla ligero, sin que le pese el saber de una vida dedicada a la investigación, ni sus cinco licenciaturas, ni el pensar en latín. Este medievalista siente debilidad por Doña Berenguela y por el Cid, «quien a pesar de que no conoció la derrota, no era un militarote sino un político fino y un hombre de leyes».Y al cabo de su relato, el jesuita dice, «¿ve como la Edad Media bien contada es muy entretenida?».