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Jueves, 16 de marzo de 2006
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ZAMORA
BELÉN ARTUÑEDO POETA
«Nunca se acaba de aprender a leer»
«Nunca se acaba de aprender  a leer»
Belén Artuñedo. / F. V.
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Belén Artuñedo Guillén, zamorana de nacimiento y vecina de Simancas desde los seis años, es profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid y escribe poemas desde la adolescencia. Con cuatro libros publicados ('Como se acuesta la noche en una rama', 'Cartas de navegación y olvido', 'Cuadernos de China' y 'Teselas'), participó en los festivales internacionales de poesía en El Salvador y Costa Rica, invitada por la Embajada de este último país. Los próximos 23 y 24 de marzo representará a Valladolid en las Jornadas Nacionales de Poesía organizadas por la Asociación de Estudiantes y el Departamento de Teoría de la Literatura de la Universidad.

-¿Por qué poesía y no prosa?

-La poesía me ha elegido a mí, y no yo a ella. Considero que es igualmente difícil escribir prosa, porque lo complicado es encontrar la voz propia y acceder a la creación, pero donde me reconozco es en los versos, tanto leyéndolos como intentando expresar mis experiencias y emociones a través de ella.

-¿Qué expresa su poesía?

-Hay temas recurrentes, como la fragmentación de la persona, los espacios íntimos, la comunicación o la casa. Creo que el libro más peculiar es 'Cuadernos de China', escrito tras la adopción de mi hija Nora en aquel país, que cuenta la espera de un viaje que supuso un descubrimiento y un encuentro fundamentales en mi vida, y que tuvo gran difusión entre las familias que, como nosotros, viajaron allí en busca de sus hijos.

-Debe ser difícil conjugar la paz de la que nace la poesía con las prisas de hoy.

-Tengo la suerte de trabajar en la enseñanza universitaria, y la palabra es mi tarea diaria, pero nunca se acaba de aprender a leer ni tampoco de enseñar a leer, no es fácil transmitir el amor por un poema, es un reto intentar que los alumnos se apropien de los textos como algo personal.

-¿Cuándo y cómo surgió la vocación?

-Muy temprano. A escribir me llevó la lectura, a la que me guió mi abuela paterna, primero con los clásicos, los románticos, y después muchos otros autores.



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