El 10 de diciembre de 1958 Palencia entera se colapsó. Circular por el centro de la ciudad resultaba imposible, los bares estaban abarrotados y ni un alma podía moverse por las cercanías de la iglesia de las Claras. El 10 de diciembre de 1958, Marcos de Celis llevó al altar a su novia de toda la vida, Luisa Gato, a la que había conocido siendo un chiquillo que vendía huevos y quesos y que presumía de ser un gran portero de fútbol. Pero aquel día de diciembre del 58, algo menos de tres años después de haber tomado la alternativa, Marcos de Celis no era ya solo un torero para los palentinos, era un auténtico fenómeno social. El único que ha conseguido colgar reiteradamente el cartel de 'no hay billetes', aunque también lo logró otro monstruo, el que para muchos ha sido el más grande, Manuel Rodríguez 'Manolete'. Y es que a finales de los cincuenta, Marcos de Celis lo era todo para los palentinos, que jamás reconocían que su ídolo podía haber tenido una mala tarde.
Marcos de Celis nació un 23 de marzo de 1932 en Villamoronta, pero ya a los 4 años podía vérsele recorriendo las calles del barrio de La Puebla, su barrio de toda la vida, y en donde todos los vecinos han podido disfrutar de sus mayores glorias, pero también contemplar su declive, y su posterior enfermedad provocada por el alcohol, que se convirtió en su peor enemigo; el que le apartó de su única gran pasión, los toros; y que le ha llevado a la actual reclusión en un centro hospitalario.
«Marcos tenía en la plaza una personalidad extraordinaria. Toda la que le faltaba fuera de ella», así lo describe Jesús Merino, el que fuera presidente de la Peña Taurina Palentina, y que conoció al torero cuando ambos solo eran unos chiquillos a los que les gustaba jugar en la vieja Plaza de Toros que se levantaba en lo que hoy se conoce como plaza de Bigar.
«Tenía un capote extraordinario, era un buen muletero y toreaba de rodillas como nadie. Además, tenía una gran habilidad con la espada. Era un ciclón matando», asegura Jesús Merino, quien rememora cómo Marcos de Celis tenía afición a ayudarse con un pañuelo o con una de las zapatillas a la hora de entrar a matar.
«A veces, incluso metía los pies en la montera y comenzaba una tanda interminable de estatuarios», asegura el viejo aficionado palentino, quien todavía no ha podido olvidar el gesto que Marcos de Celis hacía con los hombros, cuando presentía que la faena iba a salir redonda. «Echaba los hombros para atrás, y ya todo el mundo sabía lo que iba a pasar, y toda la plaza se ponía en pie y comenzaba a aplaudir», asegura Jesús Merino.
Marcos de Celis tomó la alternativa el 18 de marzo de 1956 en Valencia, de manos de Julio Aparicio y Antonio Ordóñez. Los años siguientes fueron los de su consagración, especialmente en las plazas de Barcelona y Valladolid, en donde llegó a cortar las dos orejas, el rabo y hasta una pata, según rememora su mujer. Marcos de Celis siguió toreando hasta su despedida definitiva el 1 de septiembre de 1972 en Palencia.