El director de escena español Emilio Sagi recibió ayer una cerrada ovación en la capital japonesa en el estreno de su adaptación de 'La forza del destino', de Verdi, que trasladó a la Guerra Civil. Seis meses después de su salida como director artístico del Teatro Real, Sagi ha vuelto a saborear el placer que supone subirse a un escenario para darse un baño de aplausos.
Las más de 1.500 personas que prácticamente llenaron el Nuevo Teatro Nacional de Tokio, situado en la jungla de rascacielos del barrio de Shinjuku, le dedicaron tras bajar el telón, junto a todo el reparto, numerosos gritos de «¿bravo! y ¿bravo!». El público quedó prendado por la historia fatalista y de amor desaforado de Don Álvaro y Doña Leonor, ambientada en el clima de excitación patriótica durante el enfrentamiento de las dos Españas. El tenor estadounidense Christopher Robertson y la soprano nacida en Ucrania Anna Shafajinskaia encabezaron un brillante plantel repleto de artistas japoneses, en el que destacó el descaro de la mezzosoprano Akemi Sakamoto, en el rol de la gitana Preciosilla. No hubo malos augurios, pese a que horas antes de la representación Sagi repitió una y otra vez el nombre completo de la obra, algo que se suele evitar al estar cargada de supersticiones dentro del gremio del espectáculo.
Es la primera vez que lleva a los escenarios este libreto basado en 'Don Álvaro o la fuerza del sino' del Duque de Rivas, después de pasarse diez años al frente del Teatro de la Zarzuela y cuatro en el Real. La obra gira en torno a dos grandes debates: el amor frente al honor, y el papel de la Iglesia católica en la sociedad.