DURANTE dos semanas, la noticia de una competición por ver qué ciudad logra concentrar a más jóvenes para un 'macrobotellón' ha inundado los medios de comunicación. La preocupación de autoridades y vecinos es grande y entre las opiniones que los jóvenes hacen circular por Internet encontramos de todo: «¿Van a salir los sevillanos por la tele y nosotros no?». «¿Se lo van a pasar bien ellos y nosotros no?». «El alcalde no tendrá secretas para todos». «Tenemos la obligación de reivindicar nuestro derecho a beber. Mejor dicho, nuestra libertad para beber». «Dejad de hacer el tonto protestando por algo que perjudica vuestra salud y poneros a protestar por algo que merezca la pena...».
¿Qué intereses puede haber detrás de todo esto?
No podemos obviar que la ingesta de bebidas alcohólicas tiene una importante dimensión económica y ocupa una posición relevante en las ofertas de ocio juvenil (cerca del 60% de los gastos personales de los jóvenes se destina al consumo de alcohol). Consumir alcohol los fines de semana está de moda gracias a la publicidad; y no salir para beber, puede significar estar al margen de lo que se lleva.
Pero, ¿por qué nos preocupamos por el consumo de bebidas alcohólicas que realizan nuestros jóvenes, si tradicionalmente se ha bebido en nuestro país?
Nuestra cultura mediterránea se ha caracterizado tradicionalmente por consumir alcohol de forma regular y no problemática durante la semana en los espacios de las comidas y en determinados acontecimientos sociales; pero con el desarrollo económico y la transformación de los hábitos sociales hemos asistido a un paulatino cambio en su modo de consumo. Ahora, con el ritual del 'botellón', los consumos se concentran en las noches del fin de semana; se realizan en grupo y en lugares públicos; se compatibiliza con el estudio o el trabajo y se busca ingerir la mayor cantidad de alcohol en el menor tiempo posible, sin reparar en los graves perjuicios para su salud y los efectos que se derivan de su ingesta: borracheras, peleas, discusiones con la familia y amigos, dificultades para estudiar o trabajar, o problemas muchos más graves como accidentes de tráfico, abuso y/o dependencia del alcohol o embarazos no deseados.
La gravedad de estos efectos hace que el consumo de drogas y el alcoholismo figuren como uno de los principales problemas que a juicio de los ciudadanos tiene la sociedad española aunque, paradójicamente, se perciba esta conducta como normal y se contemple el fenómeno con resignación. ¿No estamos siendo incoherentes?¿A quién estamos dando la razón? La relevancia mediática que se da al 'botellón' parece darles la razón a los que lo reivindican, pues, a veces, es más fuerte el ruido de un árbol que se corta que todo un bosque entero que crece en silencio.
Los jóvenes necesitan de espacios propios de encuentro con otros jóvenes donde fortalecer los procesos de pertenencia y aceptación por el grupo de iguales. Las noches del fin de semana reúnen estas condiciones. Aquí el consumo de alcohol actúa reforzando la integración en el grupo. El tiempo de ocio es vivido como un espacio de liberación del control familiar o la escuela, donde el consumo de alcohol contribuye a evadirse de las responsabilidades cotidianas. Pero, ¿hasta dónde llega la responsabilidad de los padres ante este fenómeno? No olvidemos que un alto porcentaje de padres son bebedores, lo que les limita para abordar de forma coherente los riesgos inherentes al consumo de alcohol; muchos padres piensan que «todos hemos bebido de jóvenes y no nos ha pasado nada» o que los problemas los tienen o provocan los otros; además, en ocasiones temen imponer normas que hagan a sus hijos diferentes o se ven incapaces de buscar una solución al fenómeno del 'botellón' y acaban siendo permisivos; muchos padres, conscientes de no dedicar a sus hijos el tiempo suficiente, intentan suplirlo con dinero, excesiva flexibilidad en normas, etcétera; algunos padres delegan su responsabilidad en la escuela, la policía... y exigen que les resuelvan el problema.
Estas contradicciones son el fruto de profundos e intensos cambios de la sociedad española. Los padres se sienten desorientados acerca de cómo actuar. ¿No estaremos contribuyendo desde la pasividad a legitimar algunas conductas muy poco saludables en nuestros hijos?
¿Qué pueden hacer los padres y las madres para prevenir el uso y el abuso de alcohol?
Desde Proyecto Hombre Valladolid consideramos que tienen mucho que hacer en la prevención de los consumos de alcohol y de otras drogas.
Entre las acciones que pueden realizar podemos incluir: mantener una buena relación afectiva con los hijos y transmitirles sentimientos de aceptación en la familia; estimularles la autoestima y la autoconfianza, su capacidad para que establezcan su propia identidad personal y para que la valoren y acepten; desarrollar ciertas habilidades personales y sociales en los hijos; dialogar con ellos, conocerles y saber sus necesidades; informar y sensibilizarles sobre las drogas y los efectos asociados a su consumo; convertirse en un modelo de salud; potenciar valores sociales positivos en la educación de los hijos; establecer normas y límites adecuados que regulen la vida familiar; y, promover alternativas de ocio saludables
La prevención es un proceso educativo muy exigente. ¿Seremos capaces de conseguirlo?