LEO en este mismo periódico una entrevista con Antonio Lobato, Jefe de Deportes de los Servicios Informativos de Telecinco. Al tipo se le ve encantado de haberse conocido y, sobre todo, de haberse situado a la vera verita de Fernando Alonso, regalándonos ambos dos, al alimón, sonrisas, halagos y complicidades varias (cambiando los sombreros de cowboy por los cascos, yo me los imagino protagonizando 'Silverston Mountain' o 'Imola Mountain', no lo puedo evitar). En fin, la pregunta del millón tarda en llegar pero al final surge: «¿Por qué ese afán de las cadenas de menospreciar la información sobre un deportista cuyos derechos posee otra televisión». Y nuestro hombre, sin sonrojarse, suelta la siguiente perla: «Tengo la sensación de que el resto de las cadenas no quieren promocionar tu producto a pesar de que sea el de mayor éxito. Desde T5 nunca ha existido ese problema. Hay que cubrir todo lo que pueda ser información interesante para el espectador». ¿Qué desfachatez! Hace tiempo que ver las noticias deportivas de T5 se ha convertido en un suplicio: tan solo informan de si a Fernando Alonso le ha salido un grano en el culo, si el R-26 tiene más avances tecnológicos que la armadura de Batman o si El sueño de Morfeo va a dar un concierto en los boxes de Renault. El resto de deportes, salvo algún entrenamiento del Real Madrid, no existe. De vergüenza, oiga. Tal vez por eso, para celebrar la retransmisión del primer gran premio de Fórmula 1, en su lugar me pongo el DVD de la maravillosa, hipnótica, misteriosa, sensual, romántica y perturbadora 'Laura', la obra maestra de Otto Preminger, por fin editada en este santo país. Imagino que todo el mundo conoce la historia: una mujer llamada Laura Hunt ha sido asesinada y el detective McPherson se hace cargo del asunto interrogando a los dos principales sospechosos, un periodista (Waldo Lydecker) y Shelby Carpenter, el prometido de la fallecida. A través de sucesivos 'flash-backs'conoceremos a Laura y reconstruiremos un fascinante rompecabezas. Waldo es un dandy, un ególatra, un periodista que escribe sus artículos con una pluma de ganso mojada en veneno. Posee el discreto encanto de la arrogancia y un sentido del humor negro y cínico («Laura me consideraba el más inteligente, ingenioso e interesante hombre que ella jamás hubiera conocido. Y yo estaba completamente de acuerdo con ella»). Shelby se limita a ser un calzonazos interesado, un tipo calculador, pusilánime e intrigante. Alguien indigno de Laura. El detective de la tibia de plata, en fin, se va a comportar como el verdadero rival del periodista egocéntrico. McPherson es un policía distante y de modales toscos que nunca se ha enamorado aunque una vez una muñeca de Hollywood logró sacarle un abrigo de pieles. En medio de ellos, se encuentra la figura seductora de Laura, una mujer que llega a obsesionar al detective («acabará en un sanatorio mental: será el primer paciente enamorado de un cadáver», le advierte el cínico Waldo). Por ello, la aparición fantasmal de Laura junto al cuadro es, por derecho propio, uno de los momentos más recordados de toda la historia del cine. Laura es Gene Tierney, considerada la actriz más bella del mundo en los años 40, dueña de los pómulos más atractivos y la mirada más ardiente. Una mujer llena de problemas en la vida real, atrapada en un desgraciado matrimonio con un playboy y golpeada por una tragedia que le ocasionó graves trastornos mentales (con ingreso en manicomio y electroshoks incluidos): su hija nació sorda, ciega y con retraso mental severo. Nosotros la recordaremos siempre como la protagonista de 'Laura', una de esas películas que siempre aparecen en la lista de las mejores, un film cautivador, lleno de diálogos mordaces e inteligentes y dotado de una perturbadora atmósfera. Y aunque Laura es cine negro en estado puro (con su 'femme fatale', sus claroscuros interiores, su detective canalla y solitario) a mí siempre me ha parecido más una intensa película romántica, centrada en los celos y la obsesión como motor narrativo. «Nunca olvidaré aquel fin de semana en que murió Laura». Así empieza la película. Al terminar, Magic Alonso baila encima de su coche. Y a Lobato se le cae la baba. Los dos están más contentos que McGyver en Bricomanía.