El acto lo resumió el rector de la Complutense, Carlos Berzosa, en un frase: «He sido testigo de muchas investiduras, pero en ninguna he asistido a tantos aplausos y tan prolongados». Ataviado con toga y birrete azul celeste, Joan Manuel Serrat no parecía él. Al subir a la tribuna de oradores bebió un poco de agua y dijo sonriente: «Lo que más nos gusta a los catalanes es ganar en Madrid». Fue la primera carcajada que se oyó en el abarrotado paraninfo de la Universidad Complutense. Cordial, cercano, sin asomo de solemnidad o engolamiento, Serrat fue contando sus 'pequeñas cosas' a la pata la llana, según le brotaban del corazón. «Mi amigo Rafael Azcona dice que los premios deben de ser secretos y fuertemente dotados; este es un premio distinto, un reconocimiento que me agrada recibir porque con él se puede presumir ante los amigos y los hijos».