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Miércoles, 15 de marzo de 2006
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Paisajes tras la batalla médica
La doctora Laura Martínez expone en Valladolid sus pinturas, en las que usa restos de material quirúrgico
Paisajes tras la batalla médica
Laura Martínez, junto a algunos cuadros en El Colmao. / H. SASTRE
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«Cuando me veo las manos llenas de pintura cualquier tarde, me pregunto qué pensaría si me viera el señor al que tengo que anestesiar en un quirófano al día siguiente». En su vida laboral, la doctora Laura Martínez, es la 'maquina' del sueño. Como anestesióloga del hospital Clínico de Valladolid, hace que los pacientes se abandonen a los cirujanos y, cuando se acaban las suturas, les 'devuelve' a la vida.

Una vez que las luces del quirófano se apagan y el estrés posoperatorio acaba, su mente bulle con ideas que llevar a sus óleos y collages, su segunda gran vocación. Y, tal vez, los bolsillos de su bata médica se llenen de restos de esa batalla previa en favor de la vida. Así, trozos de gasas médicas, apósitos, cajas de medicamentos o los tapones del bote de paracetamol o yodo acabarán incorporados a sus cuadros. «Cualquier cosa vale, si tú crees que vale», afirma contundente.

El resultado puede verse durante todo este mes de marzo en la exposición que cuelga en el bar El Colmao de San Andrés (c/Detrás de San Andrés, 3, Valladolid). Elementos de uso diario a los que acompañan otros restos del día a día, que van de la bolsa de la compra, a la cinta de carrocero o el papel de cocina.

Laura admite que su profesión, llena de «situaciones muy extremas, muy duras», es una fuente de inspiración. Pero no la única. «A veces pintas cosas que ni tú misma sabes lo que son, ni falta que hace. De alguna manera te vas inventado», asegura.

Si el dolor es trasladable a un cuadro, tiene una textura rugosa, áspera. Abstracciones y geometrías que marcan una línea de continuidad en buena parte de sus pinturas. Pero, junto al dolor, la liberación. «El tono rosado que emana y rodea a algunos de esos cuadros se parece a la placidez de la morfina», explica la pintora, tratando de establecer la frágil línea entre sus dos dedicaciones. Los cuadros llevan títulos como 'Agujero negro', 'La compañía', 'Forma informe', 'Tu recuerdo me vibra'...

Temores

La da pudor que sus obras solo llamen la atención por los elementos que usa (el reciclaje de lo vital en el arte no es nuevo) y que se malinterprete su forma de pintar, «nada convencional, pinto con las manos, los pies, muy rápida, cuanto menos manipulado mejor porque la primera impresión es la que cuenta». También le preocupa que no se la entienda cuando dice que «anestesiar, no es muy distinto a pintar, porque en ambos, la clave es la empatía con los demás».

Pero no desiste y ya trabaja en nuevas cosas que siguen uniendo sus dos mitades vitales. «Quiero plasmar los muchos lados humanos que los demás no pueden ver en un quirófano». Para ello, improvisa nuevas técnicas en las que manipula por ordenador las fotografías que realiza en tan particular universo. Volverán a ser girones de vida, sombríos unos, luminosos otros. Siempre humanos.



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