Hoy me encuentro viendo un vídeo sobre la multinacional Levis, marca muy conocida de pantalones que tiene fábricas en Bélgica. Escucho a los trabajadores cómo se lamentan que después de veinticinco años son despedidos sin el más mínimo escrúpulo. Estos trabajadores, que ya son mayores, pero no llegan a la edad de la jubilación, se quedan en la calle. ¿Qué ha ocurrido? Se llevan la empresa a Filipinas. Allí harán el trabajo imponiendo unas condiciones laborales pésimas. Se trabajará entre 18 y 20 horas diarias, sin seguridad social, con unos salarios miserables y sin vacaciones. Los empresarios tienen menos gastos, y se enriquecen más. Han hecho manifestaciones y el Gobierno y los sindicatos belgas no hacen nada para evitarlo. Las fábricas que tenía Levis en Francia y Estados Unidos también han cerrado. ¿El único pecado? Trabajar aquí con más justicia y derechos. Aquí el rico engorda menos.
Esta situación me hace recordar que aquí a las grandes empresas se las llevan por la misma causa. La sociedad reacciona a nivel local: en cada empresa con su sindicato. Cada uno se las arregla como puede, pero no hay una fuerza única en la calle para luchar todo el pueblo por esta causa, todos unidos, que somos la mayoría obreros, en una lucha común. Sin esta lucha unos tendremos más paro, mientras otros estarán sobre explotados.