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Lunes, 13 de marzo de 2006
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VALLADOLID
EN UN RINCÓN DE LA MEMORIA
La Catedral, despojada
La Catedral, despojada
La Catedral de Valladolid y su entorno, antes de los últimos derribos. / RAMÓN GÓMEZ
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LAS importantes obras que se ejecutan para la construcción de un aparcamiento de vehículos automóviles en la actual Plaza de Portugalete, así como las posteriores de adaptación de la zona al cambio experimentado en el entorno histórico-artístico del lugar, ha supuesto la desaparición (temporal) de las zonas ajardinadas que cubrieron el hueco por el demolido Mercado de Portugalete.

Muchas han sido las voces alzadas en contra de las obras iniciadas pero cualquiera que pasee y vea la telaraña de conducciones que prestan diversos servicios a la zona apreciará la ineludible necesidad de despojar totalmente la primera capa del subsuelo aunque haya supuesto la desaparición de varios árboles, entre ellos el transplantado olivo. El mantenimiento de los ya clásico magnolios próximos a la catedral y la promesa de recuperación de los que fueron Jardines de Onésimo Redondo que estuvieron emplazados junto al indicado mercado, aconsejan esperar al final de las obras para poder valorarla, así como conocer el destino dado a los restos arqueológicos pertenecientes a la que, quizá fuera la primera 'tenería' vallisoletana en que se inició el curtido de pieles.

Desaparición

El paso del tiempo hizo desaparecer del entorno del espacio formado por la Catedral, además del conjunto de viviendas adosadas a la seo y a la antigua Colegiata, uno de los primeros garajes de automóviles -Garaje Zurbano-, una fábrica de hielo, un taller de reparación de carros y bicicletas, uno de los emplazamientos de la desaparecida Galería Castilla y, en fecha más reciente, el entrañable Penicilino, quedando como único superviviente de los años cincuenta del pasado siglo la Churrería de la Catedral que proporcionó calor y desayuno a los trabajadores del mercado de abastos y en nuestros días atiende la demanda de los ricos fritos a muchos vallisoletanos.

El cataclismo de las obras iniciadas no solo ha supuesto la desaparición de árboles y la aparición de restos arqueológicos del siglo X, sino que han despojado a nuestro primer templo catedralicio de su tradicional blusa de hiedra que cubrió durante siglos la unión de la Colegiata de Santa María con el templo herreriano.

El despojo ha supuesto la exhibición pura y dura de la mezcla arquitectónica de la gran obra del Conde Ansúrez y la de Juan de Herrera. Muros de piedra y ladrillo o las ventanas góticas muestran parte de lo que pudo ser una construcción frente a la cual se situó 'el rollo' de la ciudad y su primer mercado, mientras que en sus instalaciones se estableció el primer Concejo y se emplazaron los primeros Estudios Generales, origen de la Universidad, así como los servicios municipales de alhóndiga, depósito de granos y custodia de pesos y medidas.

Realmente el pasado de la zona fue esplendoroso, pero el futuro no se presenta menos importante con la aplicación de las actuales técnicas de arquitectura y diseño. Es indudable que el progreso exige sacrificios, no siendo el menor el desorden circulatorio producidos por las obras, pero para hacer una tortilla es necesario pelar las patatas y romper los huevos.



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