Cuando no lo esperaba ni por lo más remoto, María Evangelina Rodríguez Marcos (Soria, 1950) volvió a su tierra natal. Tras veinte años en Bélgica, esta doctora en Políticas y Sociología, especializada en inmigración, preside la Asociación Tierra sin Males, que persigue una integración intercultural y no multicultural. La primera supone el acercamiento a los extranjeros. La segunda sería como si los de aquí y los llegados de otras tierras vivieran en paralelo, sin mirarse. Tierra sin Males participa en el Foro para la Integración de los Inmigrantes en Castilla y León.
-¿Han notado cambios en sus ocho años de trabajo?
-Los inmigrantes van enterándose de dónde están y de cómo funcionamos y también nosotros estamos viendo que es pura demagogia decir que están de paso, porque la mayoría se quedará.
-¿Es la inmigración el futuro de una tierra despoblada y envejecida como Castilla y León?
-El caso de Soria es tremendo, sobre todo en las zonas rurales. El asentamiento de inmigrantes en los pueblos plantea a estas familias las mismas cuestiones que se plantearon los de Soria cuando se marcharon. Mientras los niños son pequeños, bien; pero en cuanto crecen y no hay instituto, no hay médico, no hay transporte o no tienen amigos para jugar o salir, se van. No se acaban de asentar en las zonas rurales, porque no hay servicios.
-¿Somos acogedores?
-Yo quiero pensar que sí.
-¿Por qué prima más lo que separa que lo que une?
-Hay aspectos en los que somos iguales y tenemos que serlo y otros en los que somos diferentes y tenemos que respetar, pero respetar no desde la inhibición, sino acercándonos y desde el conocimiento.
-Hay planes para la inmigración, programas, consejos, observatorios... ¿Realmente son efectivos?
-Estos organismos se crean con la intención de responder a una necesidad y no se pueden pedir resultados de un día para otro. Es mejor que se creen que que no se creen.
-¿Hay alguna receta para la convivencia?
-El respeto activo. No se puede confundir respeto con indiferencia. Una receta básica es el acercamiento al otro y el conocimiento del otro.
-Tierra sin Males. Tienen un nombre muy poético.
-Está tomado de un poema de los indios guaraníes, que soñaban con una tierra sin males.