LA conmemoración del 11-M ha venido marcada por cierta polémica, como era inevitable. El primer elemento de discordia lo puso Telemadrid en un reportaje que ha trascendido los límites de esa comunidad autónoma y que circula por Internet. Ese reportaje, elaborado por Luis del Pino, repasa las incongruencias del sumario y discute la versión oficial sobre los crímenes del 11-M. El otro elemento polémico lo puso TVE 1 con un reportaje de Rosa María Artal en 'Informe Semanal' y cuyo contenido, como no podía ser de otro modo, es rigurosamente coherente con la actual versión del Gobierno sobre el suceso.
El espectador que haya visto los dos trabajos quedará, sin duda, confuso: es imposible que perspectivas tan distintas sean ciertas al mismo tiempo. En ese sentido, se entiende que la decisión de la mayoría de los medios haya sido mantenerse a prudente distancia de la polémica y concentrar toda la atención en los gestos de solidaridad hacia las víctimas. Es verdad que, desde el punto de vista de la vida pública, la conmemoración del dolor es poco significativa si nadie se formula la pregunta sobre las causas. Ahora bien, en el caso del 11-M es precisamente la pregunta sobre las causas lo que más crispa la vida pública.
En esta materia, los españoles se dividen en tres grupos: los que creen que todo está resuelto, los que creen que todo está por descubrir y los que abogan por un indiferente pasar página. El reportaje de TVE 1 estaba en el primer grupo: todo está ya resuelto y solo queda llorar el recuerdo con las víctimas. El de Telemadrid estaba en la segunda línea: todo está por descubrir. La mayor parte de los canales ha optado por una tercera vía que tampoco es la de la indiferencia, sino, más bien, una circunspección condoliente. No es una mala opción. Sobre todo si se tiene en cuenta que el debate social se envenenó el 11-M y desde entonces no hemos dejado de bañarnos en hiel.