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Antonio Fernández Alba se convierte en el primer arquitecto que ingresa en la RAE
El nuevo académico, que se sentará en la 'o' minúscula, destaca la ciudad como «residencia de la palabra»
Antonio Fernández Alba  se convierte en el primer arquitecto que ingresa en la RAE
Fernández Alba lee su discurso de ingreso en la RAE. / V. LERENA-EFE
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El arquitecto Antonio Fernández Alba, uno de los intelectuales más destacados de las últimas décadas, ingresó ayer en la Real Academia Española con un discurso en el que reflexionó sobre la metrópoli contemporánea y destacó la importancia que las palabras tienen para poder interpretar el acontecimiento de la nueva ciudad. «La ciudad es, sin duda, lugar y residencia de la palabra», dijo este «sembrador de formas, imágenes y espacios», como define a su profesión, en un discurso de alto contenido filosófico y en el que aplicó una mirada melancólica hacia ese modelo de ciudad «que pudo ser y no ha sido».

Fernández Alba, el primer arquitecto que ingresa en la RAE, siempre ha aspirado en su dilatada trayectoria a «proyectar y edificar la arquitectura como un acontecimiento de expresiva carga poética», y de esa carga impregnó también buena parte de su discurso, como cuando se refirió al sillón que va a ocupar en la Academia, el 'o' minúscula.

Como manda la tradición en los ingresos académicos, antes de entrar en materia Fernández Alba tuvo palabras de elogio para su antecesor, Angel Martín Municio, que fue el primer catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense e introdujo en España los estudios de Biología Molecular y, entre otros cargos, presidió durante años la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. El nuevo académico destacó la «laboriosidad creativa» de Martín Municio, «su sensibilidad para acercarse al mundo de la hipótesis», su «capacidad de organización y difusión del conocimiento científico, y su dinamismo como viajero y explorador en busca del pensamiento límite de las Ciencias Químicas, Bioquímica, Biología Molecular, de los mecanismos esenciales de la vida y de los procesos de síntesis y diferenciación».

Variedad de urbes

En esa crónica sobre «la ciudad que no ha sido posible», Fernández Alba recorrió los distintos tipos de urbe que ha habido en la historia, desde la cabaña que edificaría Enoc, el hijo de Caín, en los tiempos del Edén; el poblado neolítico o la ciudad griega hasta las arquitecturas románica o gótica, en las que la palabra 'piedra' estaba «siempre presente en el deambular por los itinerarios de realidades construidas».

«Piedra, materia solidaria para narrar los tiempos monumentales de la historia, donde lo arquitectónico se hace ciudad, fábula del tiempo», dijo este arquitecto, autor, entre otras obras, de 'La ciudad herida'. En ese recorrido, Fernández Alba pasó por el siglo XX, a mediados del cual el planeamiento de la ciudad y su arquitectura «en el contexto avanzado de la ideología tecnocrática serán desplazados por el nuevo paradigma de la incertidumbre», para llegar «a los albores del siglo en que vivimos», una época en la que las palabras «velocidad» y «producción» se han transformado «en los apasionados dogmas de la nueva condición metropolitana».

El filósofo Emilio Lledó le dio la bienvenida y recordó su amplia trayectoria como arquitecto, sus múltiples premios -como el Nacional de Arquitectura- y la veintena de libros que ha escrito, «relacionados con la teoría del arte y de la arquitectura, con el urbanismo y la poética del espacio».



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