El presidente del Gobierno y el líder de la oposición estuvieron juntos en el Bosque del Recuerdo para tributar un homenaje a las víctimas del 11-M. Por fortuna, la crispación política no impidió este gesto conciliador. Pero la enemistad ha sido tan profunda y ha estado tan rodeada de insidias que el daño ya está hecho y es, al parecer, irremisible. La Asociación de Víctimas del 11-M honró a ayer a sus muertos, pero la Asociación de Víctimas del Terrorismo lo hizo por su cuenta y por separado. Si se piensa que lo grave no es tanto que los partidos se distancien entre sí, cuanto que la confrontación trascienda a las víctimas, se entenderá mejor el mal causado por una crispación que dice bien poco del sentido humanitario de quienes la han exhibido sistemáticamente y han generado la crisis actual.