Parecía que habían invertido los roles, uno sonriente y distendido y el otro con semblante serio, un tanto apocado tras los micrófonos, pero la realidad era bien distinta. Donaciano Dujo ejercía ante los medios de maestro de ceremonias en su despedida como presidente provincial de Asaja con el sabor agridulce de saber que solo los estatutos y no los socios le impedían seguir al frente de la organización agraria -únicamente se puede ser presidente dos mandatos consecutivos, y Dujo era el máximo responsable desde 1998-, tratando de crear un clima cálido que hiciera relajarse a su sucesor, Alfonso Núñez, quien reconocía después de la rueda de prensa los nervios por su inexperiencia ante los flashes, grabadoras y cámaras. Él era el protagonista en la sala, exultante a buen seguro en su fuero interno por la unanimidad con la que los 63 socios de la junta provincial habían decidido otorgarle el testigo dejado por el también presidente regional y vicepresidente nacional de la organización agraria.