Su profesión de alicatador, lo que supone viajes, incluso fuera de la provincia no le impide dedicar participar activamente en la educación de sus hijos y formar parte de la directiva de la asociación de padres y madres del centro en el que estudian y está convencido de que ello ha contribuido a mejorar su rendimiento escolar y a que sean más responsables.
-¿Qué le animó a formar parte de la asociación?
-Pues quien empezó a ir a las reuniones fue mi mujer, porque yo trabajaba y no solía asistir, pero eso me creó intriga, así que decidí participar. Me pareció interesante, porque si los hijos ven a su padre comprometido ellos se interesan más. No lo hice por mi, sino por mis hijos, porque si saben que estoy pendiente, no van a descuidar los estudios, y la herencia que les voy a dejar van a ser los estudios.
-¿Y ha notado el cambio desde que está en la asociación?
-Por supuesto; tengo un hijo modelo. Termina este año en el colegio y piensa sacar una carrera, quiere ser arqueólogo. La chica es más pequeña y todavía no está tan asentada. Dice que quiere ser veterinaria, pero todavía puede cambiar de opinión.
-¿Cuál es su función en la asociación?
-Soy el tesorero, aunque también ejerzo de secretario, porque la que persona que ocupa el cargo acaba de ser elegida y todavía no conoce el funcionamiento, así que le oriento.
-¿Cree que ha suficiente participación de los padres?
-No, es muy escasa. A la asamblea para elegir cargos acudieron 20; hay alguna excusión y asisten 80, pero somos siempre los mismos, creo que existe mucho desinterés. Lo notas cuando hablas con ellos; le preguntas a un padre por su hijo y te contesta: «Anda por ahí». No sabe ni dónde está; luego ocurre que no aprueban, que tienen que repetir. Tienes que estar pendiente, porque se te van de las manos.