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Jueves, 9 de marzo de 2006
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AUDIENCIA
OPINIÓN
EDITORIAL
Persistencia terrorista
CADA día que pasa las expectativas alentadas respecto a un pronto final del terrorismo decaen o se diluyen frente a la tenacidad con la que ETA se resiste a abandonar la escena pública. Atentados como el perpetrado ayer en Santoña contra la sede local del partido Movimiento Falangista, la enésima campaña de extorsión llevada a cabo por la trama mafiosa, el rebrote de la violencia callejera y la propia convocatoria de una huelga para hoy extienden un manto de escepticismo sobre los anuncios y especulaciones más optimistas. Resulta vano elucubrar preguntándose a qué responde este empecinamiento terrorista.

Si nos acercamos realmente hacia el principio del tiempo en el que ETA decrete su propio final o si, por el contrario, los acontecimientos de violencia y chantaje reflejan la incapacidad de los terroristas para encaminarse hacia una vereda inédita para ellos. Los hechos son incontrovertibles y su interpretación cabal ha de situarse más cerca de esta segunda hipótesis que del paisaje dibujado desde el voluntarismo. Paisaje en el que se pretende volver insignificante la continuidad del terror.

La orientación de la política frente al terrorismo no puede reducirse a un acto de fe esperanzada o a la presunción, por razonable que resulte, de que ETA se halla en su fase final. Simplemente porque, aun si ello fuese así, nadie sabría precisar cuánto tiempo y sobre todo cuánto dolor y miedo restan antes de que el horror acabe. La perspectiva de que la banda terrorista haya decidido mantenerse en el terror es tan descorazonadora como imposible de rebatir mientras su comportamiento no demuestre lo contrario.

Los leves indicios de que ETA hubiera podido ceder parte de su posición dominante sobre el conjunto de la izquierda aberzale en favor del protagonismo de la ilegalizada Batasuna han acabado sepultados por la constatación de que esta continúa a remolque del mandato terrorista. Sin ir más lejos, con la convocatoria de huelga para hoy. Llamamiento que tanto por su sectaria naturaleza como por el nulo sentido de la realidad con que han procedido los convocantes representa un elocuente reflejo del bárbaro ensimismamiento en que la banda terrorista quiere mantener encuadrada a la izquierda aberzale. La inmensa mayoría de la sociedad comparte un mismo anhelo: que el terrorismo anuncie ya su propio final. Que la violencia física desaparezca incluso como amenaza. Pero en la medida en que los hechos apunten en sentido contrario, partidos e instituciones, comenzando por el Gobierno de Rodríguez Zapatero y el PP, están obligados a responder de manera unitaria y sin concesiones a la perpetuación del desafío terrorista.

La hora del Consejo

El anuncio de que el dosier iraní será llevado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas supone el cierre de casi tres años de negociaciones con el férreo régimen de los ayatolás. Examinado por la junta de gobernadores de la Agencia Internacional de la Energía, será finalmente el Consejo el que se ocupe del expediente y fije la política de la comunidad internacional al respecto. La decisión no implica que se vaya a articular inmediatamente un programa de sanciones, al menos por dos razones: la rotunda oposición de miembros permanentes con derecho de veto y su cuestionable eficacia, vistas las experiencias de Cuba, la ex Yugoslavia, Irak o Corea del Norte; de hecho, Estados Unidos ya ejerce un completo boicot político y económico contra Irán. En términos técnicos está claro que el regimen iraní ha decidido acceder al dominio del ciclo nuclear completo y podría, como Corea del Norte, abandonar el Tratado de No Proliferación y dotarse de combustible nuclear y de armas atómicas. Washington no acepta tal posibilidad y voces muy autorizadas han reiterado que «todas las opciones» para impedirlo están sobre la mesa. Este cuadro tiene su pésimo precedente en el Irak de Sadam Husein, origen de muchas de las convulsiones actuales en la zona, y añade un ingrediente más de desestabilización sobre Oriente Medio y Próximo en un momento donde se acumulan las tensiones.

La crisis que desembocó en la guerra de Irak debería servir de elemento racionalizador. Cabe esperar que los Estados miembros -pero también el presidente Ahmadineyad y quienes dentro del islamismo más radical apuestan por una política de enfrentamiento- hayan aprendido de los errores cometidos entonces.



Vocento