El avance de la aridez es un mal mundial. La ONU ha declarado el 2006 como Año Internacional de los Desiertos y recuerda que la 'mancha amarilla' que destruye los suelos afecta ya al 40% de la superficie del planeta y de ella son víctimas el 37% de la población. Un proceso que muchas veces tiene tintes dramáticos. Los expertos ya han aceptado como seguro que la desforestación salvaje y la erosión del suelo está detrás de la tragedia que se llevó la vida de 1.500 personas en Filipinas hace 20 días tras un corrimiento de tierras. La falta de políticas efectivas es actual, pero las estrategias vienen de lejos. El proceso de cambio climático y degradación del planeta, del que la sequía y los desiertos son una manifestación más, ha rescatado esta preocupación en las agendas políticas. España será una de las sedes de este Año Mundial de los Desiertos. Y qué mejor lugar que Almería para celebrar un simposio en septiembre. Además, entre el jueves y el sábado, el museo Cosmocaixa reúne en Alcobendas (Madrid) a expertos internacionales en las jornadas 'Desertificación y Seguridad Ambiental: Consecuencias y Prevención'.Quien cruce la península sentado junto a la ventanilla de un avión acaba saturado de los tonos ocres y las cada vez más amplias zonas 'peladas'. «España es el país más árido del continente europeo y también el más afectado por la amenaza de desertificación. Sin embargo, la percepción social de este problema es escaso», admite José Luis Rubio, del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE) en Valencia.