LA última sentencia sobre el acoso sufrido por una joven a manos de un grupo con vestimentas típicas de los 'skinhead' ha abierto heridas y reflexiones entorno a estos grupos, bandas, tribus o subculturas urbanas en Castilla y León. Parecía que estas bandas, que tuvieron su apogeo a principio de los años 90 de la pasada centuria en grandes ciudades como Madrid o Barcelona y por su escasa repercusión en los medios de comunicación, habían quedado reducidas sus acciones a eventos futbolísticos -donde se refugian muchos de estos grupos violentos- y a apariciones esporádicas. Los acontecimiento recientes invitan a percibir un nuevo emerger. La realidad es bien distinta. En el año 2000, el 70% de las denuncias realizadas en las comisarías de Madrid se identificaban con tribus urbanas -tiempo atrás con los skinhead, y hoy también por 'bakaladeros', 'punkies'... o las famosas tribus provenientes del otro lados del atlántico-. En el 2005, las denuncias han mantenido porcentajes similares. Quizá lo más preocupante lo encontramos en el perfil de los miembros de esas tribus urbanas jóvenes con edades comprendidas entre 12 y 21 años.
La sociedad ha sufrido un cambio profundo en las dos últimas décadas, y mientras en el proceso de asentamientos de nuestra democracia se caracterizó por la implicación racional y responsable de la juventud, en estos momentos estamos en una situación totalmente opuesta. Es decir, estamos ante un contexto de no responsabilizar a los jóvenes de sus actos, sino todo lo contrario, una superprotección de sus progenitores. A medida que evoluciona, el individuo busca una identidad previamente negada en el proceso de la construcción de la personalidad del individuo. En ocasiones, la sociedad no repara en buscar una respuesta a la pregunta: ¿por qué surgen estas bandas, tribus o culturas urbanas? A medida que uno indaga se encuentra que, la explicación se encuentra en las innumerables tensiones, contradicciones y ansiedades de la juventud contemporánea. Muchos atribuyen esta reacción al denominado pensamiento único, no obstante la cuestión es más profunda, es decir, surgen ante la necesidad de dar respuesta a la trivialidad de su vida, y piensan que los comportamientos violentos como respuesta social llenan ese vacío individual.
El fenómeno no es nuevo, aunque la formación de tropas urbanas como skinhead, SHARP, Ñetas o Latín King, entre otros son de reciente creación. La agrupación de individuos es muy antigua y estructurada entorno a la idea 'el de dentro' y 'el de fuera'. Lo que confeccionó dos identidades bien diferenciadas, la mía y la del otro. Esto que puede parecer extraño no es más que la creación de límites territoriales, en base a esto se construyeron las 'ciudades estado' del periodo antiguo. ¿Qué venían a representar? La protección de los individuos bajo unos límites dados frente al peligro fuera de esos límites. La segunda modernidad en términos de Beck ha llevado a un cambio significativo de la sociedad tradicional, transformado el modelo cultural y quebrando los límites territoriales en favor de un modelo global. Pero, además, ha dado lugar al individualismo, que ha generado un aislamiento del individuo y la familia.
Los pilares de la modernidad se han derrumbado: el sentido del individuo y el valor de lo propio. Ante este tipo de situaciones aparecen comportamientos que intentan volver a lo anterior reafirmando lo propio, su espacio, etcétera. Su necesidad origina una colectividad cohesionada sobre nuevas señas de identidad, que los hace -a su entender- diferentes a los demás. Estas 'pseudoculturas' urbanas experimentan en el grupo su principal razón de ser. Los jóvenes que aterrizan en ellos demandan lo ausente o negado de su entorno, afectividad, compartir sentimientos y experiencias, y buscan mezclarse con otros sujetos que compartan sus sensaciones.
Los miembros de estas bandas o tribus intentan dar sentido a su realidad individual al entender que el mundo exterior no es su mundo, sino que está construido por y para los adultos. Se consideran ajenos de la sociedad porque el mundo de los adultos no los llama a participar y los arrincona pensando su poca capacidad para participar en la sociedad. Ante esta situación, los jóvenes reaccionan con comportamientos de resistencia, creando su propio mundo y construyéndose una identidad con sus ritos, vestimentas, ideas, etcétera, mostrando una realidad diferente del adulto.
Muchas imágenes colectivas dan cuerpo a todo este fenómeno violento de las diferentes tribus urbanas, como es la filmografía a la que tienen acceso los jóvenes y sobre las cuales proyectan parte de sus pasiones o negaciones individuales. Así encontramos la película de Stanley Kubrick 'La naranja mecánica' donde se narran las hazañas de un líder de un grupo urbano, o más recientes, Kill Bill I y Kill Bill II, de Quentin Tarantino. También encontramos los diferentes juegos de ordenador o consolas que incitan a la agresión física. Todo ello abre el pensamiento hacía la violencia, proyectado sobre circunstancias y momentos determinados que los jóvenes de estos grupos encandilados por pensamientos ideológicos lo expresan de forma agresiva. Estas bandas no entienden la violencia como algo negativo, sino que es parte de los valores del grupo, y por lo tanto, una expresión de su individualidad. No se consideran violentos porque recurren a ella para defenderse de los otros. En otras palabras, su acto de violencia es autodefensa.
No asistimos a un resurgir de estas subculturas, están ahí. Las circunstancias hacen que en momentos individuales o colectivos afloren y plasmen el rechazo a lo diferente.