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Lunes, 6 de marzo de 2006
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Aquel viaje a Oriente
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Con apenas unos meses han recorrido miles de kilómetros, han cambiado de país y de cultura y han convertido la imagen gris de los orfanatos en una escala cromática cálida de un hogar español. Ahora corren y juegan mientras una amplia sonrisa cubre su rostro y sus ojos rasgados y negros atrapan la mirada de cualquiera. Occidente les acoge y les saca de la cultura que las tiene degradadas a un segundo plano, y les hace entrega de una vida mucho más sencilla de la que allí las esperaba, tiradas en las calles o abandonadas en supermercados en la mayoría de las ocasiones.

Para analizar estas mismas situaciones y experiencias se reunieron ayer en Palencia medio centenar de familias palentinas que han adoptado una niña china o que están a la espera de recibir el expediente de adopción en los próximos meses. La adaptación de las pequeñas al entorno familiar y educativo, los problemas que envuelven los trámites para adoptar y las posibles ayudas que pueden arañar de las instituciones fueron algunos de los temas que los padres debatieron.

El encuentro, organizado por la Asociación Nacional en Defensa del Niño (Andeni), servía además para que cada padre comparta su experiencia con aquellos que se acaban de iniciar en la aventura. En países como Rumania, Rusia, Colombia, Bolivia o Etiopía la carga y maraña burocrática a la que se tienen que enfrentar las familias adoptivas es tan larga y pesada que echa atrás a muchos.

En el polo opuesto está China. Los padres aseguran que allí los trámites son más sencillos y rápidos. «Solo tienes que viajar una vez, estás quince días, conoces el caso particular de tu hija, te ponen todas las facilidades del mundo para rellenar todas las solicitudes y a los quince días te puedes traer a la niña a casa perfectamente atendida y sana», comentan Mercedes Villa y José Alonso, el último matrimonio palentino que ha adoptado una pequeña china.

Asimismo, el país oriental es el único que permite realizar las adopciones por libre, sin tener que depender de un organismo oficial dedicado a este cometido (Ecay). «Mientras otros países ponen trabas o solo te admiten el expediente por una Ecay, China abre las puertas a la adopción libre. Las dificultades de las zonas rurales y la cultura oriental de hijos únicos y varones hace que las cosas sean más fáciles», explica Emma Cantera, delegada de la asociación Adeni en la provincia palentina, que además explica que el proceso podría ser más fácil «si la Junta y otras administraciones apoyaran más a los padres adoptivos y les concedieran alguna ayuda económica», añade.

Las pequeñas se han adaptado perfectamente al nuevo entorno familiar que las rodea, en el que hace todo lo posible para que recuerden su cultura natal y no olviden sus raíces orientales. Así algunos padres las siguen llamando por su nombre original, como hace Juan Carlos García y su mujer, que a su hija adoptiva la han llamado Laura Chuen. Otros, como el caso de Emma Cantera, han apostado por seguir en la medida de lo posible el calendario festivo oriental.

Este acercamiento a la cultura natal se materializa en la actualidad en la búsqueda de estos padres de un intérprete y traductor de chino para que las pequeñas aprendan su lengua natal.



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