LA mayor revolución del siglo XX (un cambio silencioso pero contundente) tuvo nombre de mujer, en singular y en plural: primero porque un puñado de mujeres con identidad concreta contribuyó con su ejemplo y su discurso a que la condición femenina saliera de la postración de siglos pasados (y no solo Simone de Beauvoir y su famoso 'El segundo sexo', obra inaugural del feminismo de la segunda mitad del siglo), sino también por todo ese aluvión de mujeres anónimas que comenzó a reclamar y a poner en práctica la demanda de la igualdad entre los sexos en todos los órdenes y ámbitos. Y ese avance seguirá en el siglo XXI.
Pero aunque los logros son muchos y más que evidentes, la tarea que queda por hacer resulta aún ingente y nada fácil. Y no solo porque en muchos países peligra la vida de aquellas mujeres que alzan su voz contra quienes las tienen relegadas a la esfera de lo privado o porque simplemente luchan en defensa de los derechos humanos más elementales, sino también porque aquí mismo siguen muriendo cada día a manos de sus maridos o parejas, sin que los gobiernos sean capaces de promulgar medidas efectivas que acaben con esa lacerante lacra.
Y de todo ese movimiento y de los retos que las mujeres tienen en la actualidad y en el futuro más próximo se halla repleta Palencia en estas fechas con motivo de la inminente celebración el miércoles, 8 de marzo, del Día Internacional de la Mujer. Exposiciones, teatro, conferencias y comunicados de organizaciones de toda índole nos lo recuerdan, hasta concluir el mismo miércoles en la lectura de ese manifiesto conmemorativo del día que tomará la Plaza Mayor. Una buena oportunidad para pensar en todas estas consideraciones y para aportar un nuevo paso en favor de la igualdad.