Cuando Antonio Meléndez (Mota del Marques, Valladolid, 1945) renunció el pasado junio a su cargo de secretario general de la Fundación Las Edades del Hombre, después de ocho años y otras tantas exposiciones como comisario, dijo que le gustaría aprovechar su experiencia en alguna tarea relacionada con el patrimonio. Y parece que su aspiración se ha cumplido porque además de montar el Museo Diocesano de Sigüenza (Guadalajara) se ha hecho cargo de 'Las dos orillas', una extraordinaria muestra que conmemorará en Ávila el V Centenario de la muerte de Cristóbal Colón, ocurrida el 20 de mayo de 1506 en Valladolid. Todo ello sin renunciar «a mi ser de sacerdote», aunque unas veces ejerza su misión de forma explícita y otras, como ahora, implícita.
-¿Ha cambiado el Monasterio de Valbuena por Madrid?
-Estoy en Madrid haciendo dos cosas, el montaje del Museo Diocesano de Arte Antiguo de Sigüenza, que se inaugura el 10 de marzo, y la exposición 'Las dos orillas' de Ávila; es decir, situado en medio de los dos lugares. Mi futuro de momento está aquí, hay que cerrar etapas.
-¿Cómo es el museo de Sigüenza?
-Es un palacete del siglo XVI que estaba en una situación lamentable y después de una completa restauración se ha convertido en un edificio maravilloso. Cuando dejé Las Edades me llamó el obispo para que le echara una mano y se ha instalado mobiliario nuevo, se han hecho nuevos planteamientos museográficos y museológicos y ha surgido un museo muy atractivo. Ahora estamos con los últimos detalles, en ese momento en que parece que nunca vas a acabar y verlo terminado.
-¿La colección merece la pena?
-La colección es muy interesante. Tiene unas 230 piezas que nosotros hemos reducido mucho para facilitar la visita y la comprensión. Han pasado ya los tiempos de viejas galerías con todos los cuadros puestos unos encima de los otros. Ahora hay que facilitar el poder contemplar y disfrutar la obra de arte.
-¿Qué razones hay para que la gran exposición sobre Colón se celebre en el Monasterio de Santo Tomás de Ávila?
-Hay dos fundamentales. Colón y el Descubrimiento no hubieran existido sin los Reyes Católicos y los monarcas mantuvieron una estrecha relación con Ávila. Además, el lugar donde va a celebrarse era un monasterio erudito, una comunidad de dominicos con una gran presencia en América, como la de Pedro de Córdoba o el padre Montesinos, en cuyos sermones, que recoge Bartolomé de las Casas para su defensa de los indios, están los fundamentos de los derechos humanos. Cuando me lo propuso el Ayuntamiento consideré que tiene razones suficientes, aunque no sean las de Valladolid, y ahí estamos, en la segunda quincena de mayo inauguraremos la exposición.
-¿Va a reunir piezas españolas y americanas?
-Las piezas son de España, aunque proceden de América porque aquí hay suficiente material llegado de allá, como las de Martínez Montañés exportadas de Sevilla, que han vuelto y mostramos por primera vez.
-¿Las dos orillas se unen entonces a través del arte?
-Efectivamente. Cuando me lo propusieron me pareció que realmente hace unir dos orillas, por eso el título, el viejo mundo occidental y el nuevo que Colón descubre cuando buscaba caminos más cortos para ir al extremo Oriente. Encuentra dos orillas, dos diálogos, dos culturas, la grande occidental y muchas otras pequeñas.
-¿Qué cuenta la muestra?
-Está divida en cinco capítulos, el primero y el último de una gran densidad artística. Comienza con la presentación de Colón en tiempos de los Reyes Católicos, sus sueños, el viaje, mientras que el final muestra la experiencia, las dos orillas en las que hay muchos dioses y muchas culturas y un único Dios que es predicado por los misioneros. Todo ello ilustrado con piezas de un extraordinario valor y calidad. En medio, tres capítulos más relacionados con la etnografía y la antropología de unas tierras muy distintas, casi extrañas, en los que se acerca la geografía y la naturaleza, con referencias a la flora y a la fauna, a los productos que llegan de allá y se incorporan a nuestra vida. En ese habitat aparecen hombres y mujeres que son distintos, el cruce de razas y el nacimiento de un nuevo pueblo, el mestizaje; los trabajos, los afanes y la convivencia.
-Parece, si duda, atractivo, ¿también científico?
-Hemos cuidado el equilibrio entre los vistoso y lo más etnográfico. Contraponemos lo científico, las cartas geográficas, con acuarelas, estudios y dibujos de los aventureros que en los distintos viajes van tomando notas y pintando lo que ven.
-¿Se ha cumplido entonces su deseo de trabajar en algo relacionado con el patrimonio que expresó cuando dimitió como secretario de Las Edades del Hombre?
-Creo que es a lo que debiera dedicarme, pero sigo siendo cura, no renuncio a mi ser de sacerdote y a predicar el evangelio.
-¿A través de la cultura y el arte?
-Hay formas de hacerlo, de manera más explícita o implícita, acercando el patrimonio no religioso, haciendo un exposición desde el punto de vista cultural y artístico. Pero no puedo renunciar a lo que soy, y si ahora no puedo predicar explícitamente, ya habrá otros momentos en que retorne a explicar el Evangelio.