En los años cincuenta, el senador norteamericano Joseph McCarthy orquestó una brutal ‘caza de brujas’ contra el comunismo, lo que supuso uno de los periodos más oscuros y lúgubres de la corta historia de Estados Unidos. Ese periodo fue tan significativo que se le conoció y conoce genéricamente como ‘macartismo’.
En España, en su larga historia, ha habido muchos momentos de ese tenor, como el emprendido por Franco tras ganar la Guerra Civil contra los masones y los comunistas. Pero ese tiempo, producto de un largo episodio de desastres políticos, no es el único que después se ha dado en esta España cañí y controvertida.
En épocas democráticas también ha habido ‘caza de brujas’. En Castilla y León, por ejemplo, se hizo famosa en tiempos de Aznar una lista negra de periodistas, por el afán impulsivo de matar siempre al mensajero. Dio mucho que hablar aquella ‘lista negra’, en la que yo me encontraba, afortunadamente y con mucho orgullo, tengo que decir. Porque nada me satisface más que molestar al poder cuando el poder no se ejerce desde la legalidad democrática y la libertad de expresión, amparada en el artículo 20 de la Constitución de 1978.
Hace unos años, tres compañeros periodistas, y de los buenos, fueron atacados por escribir cosas que no gustaban a algunos propios que tenían mucho poder. Estos tres periodistas eran y son primeros espadas de la crítica desde el ángulo de su libertad. Les quisieron cercenar su capacidad de escribir en los medios donde lo hacían por incómodos. No lo consiguieron, y estos colegas siguen en la brecha.
Hoy el caso se centra en Paco Cantalapiedra, uno de los periodistas más inteligentes, con más oficio y con más humor e ironía de todos nosotros. Escribe y colabora para difundir su sapiencia en algunos medios, lo que le molesta a Helena Caballero, presidenta de la Confederación Hidrográfica del Duero, donde Paco se gana las habichuelas desde hace décadas. La persecución de esta señora sobre Cantalapiedra ha llegado hasta tal punto que, además de quitarlo del departamento, el Ministerio de Medio Ambiente anda enviando cartas a los medios para saber si cobra, si no cobra, o si se porta bien o mal.
Increíble, pero cierto. Esta señora, Helena McCarthy, es un prototipo de quien llega al poder y lo ejerce desde la prepotencia y el abuso. No es presentable que el PSOE de Zapatero, empeñado en el talante, dé alas a una persona que tiene cabreado a todo quisque, incluidos sus compañeros de partido, que ven en ella un ejemplo de lo que no se debe hacer en política. Lo que está haciendo con Paco Cantalapiedra es una muestra más, muy grave, de entre todas sus ‘iluminaciones’. Helena, buenas noches, buena suerte.