La asociación juvenil gitana O Ujaripen, ubicada en la entrada del antiguo poblado de La Esperanza y referente en el proceso de realojo de sus 110 vecinos, echó el cierre definitivo el pasado 23 de enero a través de una carta remitida a la Concejalía de Acción Social por su último presidente, José Ángel Ramírez, en la que «renuncia expresamente a la partida presupuestaria de 30.000 euros que habíamos destinado para este año», según confirmó ayer la concejala Rosa Hernández.
El escrito puso un triste final al centro cultural desde el que su histórico representante, Ángel Ramírez -primo de su sucesor-, dirigió y guió durante 19 de sus 20 años de existencia (1985-2005) la dilatada mudanza de los antiguos habitantes del gueto de Pajarillos.
El inmueble del número 58 de la carretera de Villabáñez permaneció cerrado durante todo el año pasado como consecuencia de las obras de urbanización, prácticamente finalizadas ahora, de los terrenos. «La situación del entorno por las obras nos llevó a adoptar esta medida temporal para evitar el riesgo de caídas de los usuarios del centro», explica la edil Rosa Hernández, quien añade que «mantuvimos conversaciones durante todo el 2005 con los representantes de la asociación para intentar alcanzar un acuerdo sobre las condiciones de la renovación del nuevo convenio».
Gastos de mantenimiento
La renovación a la baja del mismo, al restar de la habitual partida de casi noventa mil euros anuales que percibía la agrupación los gastos derivados del mantenimiento -el Ayuntamiento se hacía cargo de ellos de forma directa-, llevó al presidente de O Ujaripen a elaborar el citado escrito en el que justifica que «con ese dinero -30.000 euros- no se pueden hacer cargo del programa de actividades culturales que debían realizar este año a pesar de que estaba previsto destinar una cantidad importante», resume Hernández.
La rebaja monetaria vino motivada también, según reconoce la titular del área de Acción Social, por la potenciación de otros programas como los de mediación y por la pérdida de peso específico del propio centro a raíz de la desaparición del poblado y su nueva orientación puramente cultural.
Aún así, recalca la concejala, «nuestra intención ha sido siempre mantenerlo abierto para dar continuidad a sus actividades de prevención de las drogodependencias, promoción de la mujer, integración y difusión cultural». La falta de acuerdo ha convertido el cierre temporal en perpetuo.