Las unidades docentes españolas preparan entre 1.400 y 1.700 residentes en Medicina de Familia cada año, pero el reparto entre las comunidades que invierten capital y recursos en la formación vía Mir de estos facultativos y la respuesta laboral de las mismas está desequilibrado. Mientras algunas ofertan más plazas laborales que el personal que forman, otras, como Castilla y León y, en particular, la capital vallisoletana, dedican importantes dotaciones a preparar futuros médicos de Familia -unos 150 residentes se especializan cada año en la comunidad - en los hospitales y centros de salud y, antes para la licenciatura, en su reconocida Facultad de Valladolid. Pero la falta de perspectivas laborales los ahuyentan hacia otras comunidades.