Hubo muchos disfraces, pero muy pocos valientes. Ni un hombro al desnudo, ni una pierna huérfana de pernera, y si daba más lustre al atuendo, un buen gorro, una máscara o careta. No era plan de recibir al miércoles de ceniza en la cama con 40º de fiebre. Ni los indios lucían torso descubierto cual Jerónimo, ni los figurados jugadores del Palencia dejaban sin cubrir la parte de la pierna que no tapa ni el pantalón ni la media, ni siquiera las bailarinas brasileñas de samba concedían un guiño a la vista masculina. Mallas bien tupidas dejaban entrever una anatomía contundente, pero piel, lo que se dice piel, se vio poco. El frío no quiso perderse el Carnaval y acompañó ayer todo el desfile de colorido, animación y disfraces que inundó durante más de una hora las calles de la capital palentina, pero aunque se disfrace de nieve o helada ya es habitual en estas latitudes y pasó desapercibido -o ignorado- entre tanto derroche de imaginación y calor de bailes y fiesta.