Como de oca en oca, de actividad en actividad. No paran un momento. La acción no cesa en Montejo de Arévalo. La mejor manera para olvidarse de los rigores del invierno y de la soledad que cada vez embarga más las calles del pueblo ante el peligroso descenso de población es no tener tiempo de pensar. Y las mujeres de la localidad tienen todos los días ocupados gracias a las actividades que organizan tanto la Asociación de Jubilados los Huertos de Montejo como la Asociación de Mujeres Rurales Virgen del Carmen.
Gimnasia de mantenimiento, taller de memoria, manualidades, escuela de adultos e incluso clases de informática componen la diversa actividad que ambas organizaciones ponen en marcha durante toda la semana y en las que participan socias tanto de una como de otra. Y es que aunque la de jubilados aglutina también a hombres, «vamos más las mujeres porque a los hombres parece que les gusta menos asociarse y participar», comenta Severiana, la presidenta del colectivo. Y para rematar la semana, como todos los sábados, hoy toca curso de cocina. 22 mujeres acuden a las clases que una profesora de la vecina localidad de Arévalo imparte por iniciativa de la Asociación de Mujeres Rurales. «Lo importante es estar en actividad», destaca Margarita, durante muchos años presidenta del colectivo de féminas que aglutina a unas setenta mujeres tanto de Montejo de Arévalo como de fuera.
Como no todas están todo el año en el pueblo, una comida de hermandad en verano en la piscina es la excusa perfecta para «reunirnos, hablar y poner cosas en común» en torno a una paella que un cocinero se encarga de preparar, destaca Margarita.
Las excursiones también forman parte de las actividades que programan las asociaciones. «Casi todos los años hacemos una. Este año, con la subvención de la Diputación, vamos a ir a ver la exposición de Las Edades del Hombre a Ciudad Rodrigo y a Salamanca», comenta Seberiana, que a sus más de setenta años intenta estar presente en todas las actividades.
En unos días, el martes de carnaval, mientras los hombres continúan con su habitual partida a las cartas en el bar, a la que también se apuntan muchos días la mujeres, ellas se reunirán de nuevo para cumplir con la tradición de compartir café y hojuelas en torno a la mesa del único bar del pueblo.
Fiestas
Y de cara a las fiestas todos también colaboran. Aquí, junto con el Ayuntamiento, la Asociación de Amigos de Montejo, junto con las peñas de la localidad, juegan un papel importante para animar esos días en torno al 15 de agosto. Para que estos días de alegría y fiesta se prolonguen, el colectivo que aglutina a unas quinientas personas se encarga de adelantar los festejos y dos días antes ya comienza a sonar la música de la orquesta y el concurso de disfraces llena de un colorido especial las calles del pueblo. Una charanga después de los días grandes y una comida de hermandad a base de jamón, chorizo y el típico tostón asado de la zona pone fin a los festejos gracias a la colaboración de la Asociación de Amigos de Montejo.
Y es que la actividad de los colectivos sociales es fundamental para hacer más amena la vida de un pueblo casi incapaz de luchar contra la pérdida de habitantes.Calles amplias y servicios que llaman la atención en un pueblo de poco más de 250 habitantes censados, pero muchas menos personas residiendo habitualmente en Montejo de Arévalo. Por decisión de los propios padres, el colegio cerró sus puertas hace unos años. Solo hay bar. Las panaderías con su rico producto artesanal son de los pocos negocios que quedan abiertos y Montejo de Arévalo cuenta con cuartel de la Guardia Civil debido a su encrucijada, muy cerca de la transitada carretera CL-601.
En ese paseo por las vías de Montejo de Arévalo también cautivan la mirada sus monumentos y aquellas huellas del pasado que las adornan. Una vieja piedra de molino reposa en un rincón del pueblo, junto a casas de antigua construcción. Un gran palacio reconvertido en casa de turismo rural también requiere detener durante unos momentos el paseo.
Y en la plaza, junto a los jardines, la iglesia de San Andrés. De estilo mudéjar el templo pide a gritos una reparación urgente que la haga mantenerse en pie durante otra buena pila de años.
Y en las afueras del pueblo, uno de los rincones con mayor encanto de Montejo de Arévalo. Un puente de piedra sirve para cruzar el pequeño cauce de agua que atraviesa el municipio. Al otro lado, un bonito parque que con el reverdecer de la primavera adquiere sus estampa más llamativa.
Junto a este lugar elegido por muchos montejanos para pasar las cálidas jornadas estivales, la ermita de Nuestra Señora del Valle, un templo que llama la atención por sus grandes dimensiones, casi tan amplias como las de la iglesia. Próximo pueblo: Rapariegos