Las 'obras de arte' de individuos con pseudónimos tan sonoros como Sink, Sog, Flo o Blond le costaron el año pasado al Ayuntamiento, o sea, a todos los ciudadanos, la friolera de 600.000 euros. Cien millones de las antiguas pesetas salieron de las arcas municipales para arreglar los desperfectos en el mobiliario público que sufre las iras de los vándalos, en especial, durante los fines de semana y para limpiar las pintadas que 'decoran' monumentos y edificios de más de media ciudad.
La entrada en vigor de la ordenanza antivandalismo hace apenas dos años no ha conseguido refrenar los impulsos de su principal objetivo, los gamberros. Tanto es así que los gastos para reponer destrozos y retirar borratajos han aumentado el 50% en solo tres años al pasar de los 400.000 euros del 2002 a los 600.000 del 2005.
Una de las víctimas preferidas de los mencionados 'artistas' lo representa uno de los símbolos del despegue industrial de la segunda mitad del siglo XIX, el Puente Colgante, un bien protegido sobre el papel y desprotegido en la realidad. Los grafitos decoran cada centímetro de hierro forjado de sus 68,70 metros de longitud por los que en la actualidad circulan miles de vehículos cada día tras convertirse en el aliviadero del tráfico del Paseo de Zorrilla.
«Está hecho un asco», resume gráficamente el presidente de la asociación de vecinos Juan de Austria, Víctor Manuel López, quien recuerda que «se pintó por última vez hace dos años y desde entonces ha ido llenándose otra vez de 'graffitis' hasta recuperar su lamentable aspecto actual».
Ansias 'decorativas'
Fuentes del Servicio de Limpieza lamentan que «nos pasamos la vida limpiando pintadas en esa zona para que al día siguiente vuelvan a aparecer». De hecho, el entorno del parque de Juan de Austria, con mayor incidencia en los puentes y la ribera, es uno de los blancos preferidos de los 'graffiteros' y uno de los lugares en los que pasan más horas los 'artistas' sorprendidos 'brocha en mano' por la policía que son condenados a trabajar en pro de la comunidad.
El aumento de las sanciones con la llegada de la ordenanza -pueden alcanzar los 3.000 euros- no ha frenado las ansias 'decorativas' de los amantes de estampar su firma en cualquier parte y los gastos en este apartado han pasado de 150.000 euros en el 2002 a 240.000. La única autorizada en el caso del histórico paso sobre el Pisuerga, la del arquitecto británico John Henderson Porter que lo construyó en 1865, ha quedado arrinconada por las modernas rúbricas que recubren ahora los pedestales de fundición de los bordes y cada viga de hierro forjado que conforma su estructura.
«Una vergüenza», a juicio de uno de los muchos ciudadanos que a diario utilizan el puente para llegar al centro. Por eso, el portavoz vecinal anuncia que «volveremos a insistir -como hicieron hace cinco meses- en que vuelva a darse una pasadilla por aquí Limpieza, aunque somos conscientes de que sirve de poco acabar con esta barbarie si a los dos días, como ocurre siempre, estos energúmenos vuelven a embadurnarlo todo».Las rúbricas realizadas con spray del siglo XXI embadurnan las vigas de un Puente Colgante del XIX que fue inaugurado el 20 de de abril de 1865 para sumar un segundo paso sobre el río al Puente Mayor y que fue el primero construido con vigas parabólicas que llegó a España desde Birminghan.