nortecastilla.es
Domingo, 19 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
EL TIEMPO
LO + BUSCADO
Oposiciones
Cursos On line
Inglés
Ofertas de viajes
Antivirus
SMS gratis
Alquiler de pisos
Recetas de cocina
AUDIENCIA
PORTADA
| LOS DERECHOS DE LOS TRANSEXUALES | HACIA EL FINAL DE UNA MARGINACIÓN JAVIER MONTILLA VALERIO AUTOR DEL ENSAYO SOBRE TRANSEXUALIDAD 'LOS EXPULSADOS DEL PARAÍSO'
El sexo como cárcel
Denisse y Aitor, dos transexuales residentes en Valladolid, esperan la cercana aprobación de la Ley de Identidad de Género para lograr la equiparación de sus derechos civiles
Aitor San José (de espaldas) y Denisse. / HENAR SASTRE
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar
CLAVES DE LA TRANSEXUALIDAD
El término: La palabra transexual fue acuñada hace poco más de medio siglo (1953) por el endocrino Harry Benjamin para definir el estado de personas disconformes con su género sexual.

La intersexualidad: Los transexuales rechazan ser incluidos en el colectivo homosexual. Lo suyo no es un problema de sexo sino de género. Por eso hablan de 'estado intersexual': persona en la que se une la biología de un sexo y la identidad sexual del otro. Algo así como dos sexos en un mismo cuerpo.

6 a 8 años: La edad a la que se suele desear pertenecer al otro sexo.

14 a 15 años: Edad a la que se suele desear además adquirir el aspecto físico del género deseado.

Transexualización: Proceso por el que una persona se somete a los tratamientos que le permitirán cambiar de sexo.

Terapia hormonal: Es la primera fase de tratamiento. El objetivo es acabar con las características sexuales secundarias y crearlas del sexo contrario. Son para toda la vida y el control médico es básico.

Testosterona y andrógenos: Son las hormonaciones que reciben los transexuales que 'viajaban' hacia la masculinidad.

Estrógenos y andrógenos: Hormonas para la feminidad.

Cirugía de reasignación: Proceso quirúrgico por el que se modifican los órganos sexuales.

Cirugía feminizante (de hombre a mujer): Dos fases básicas: mamoplastia (aumento pecho) y vaginoplastia (creación de vagina) por un lado. Después vendrán los refinamientos externos.

Cirugía de masculinizante (mujer a hombre): Al menos tres cirugías: mastectomia (eliminación de los pechos) y extirpación de genitales externos; faloplastia (creación de un pene), y refinamientos externos.

Reivindicaciones:

-Médicas: Cobertura de la Seguridad Social, creación de Unidades de Género y especialización médica.

-Legales: Derecho a que en su documentación figure su sexo social. Derecho al matrimonio e hijos.


Publicidad

Esta noche, Denisse se bajara de sus tacones, se quitara la sombra de ojos y cualquier resto del carmín de sus labios. Atrás habrá quedado un fin de semana de seguridad y libertad, sintiéndose ella misma. Mañana, aparecerá en su trabajo, una de esas oficinas que recibe a los ciudadanos, vestido como uno más. Para todos será Manuel, Juan o Luis, el nombre que refleja su DNI y que, en esta historia, es lo de menos.

Aitor San José se marchó de su barrio siendo Manuela, Juana o Luisa. El nombre también debería ser lo menos importante. Está en pleno proceso de cambio de sexo y, después de someterse a las operaciones quirúrgicas, espera volver en los próximos meses convertido en Aitor. «Nadie entra en un quirófano alegremente. Pero era esto o vivir una vida que no se corresponde contigo. La alternativa era levantarte todos los días y fingir un papel, actuar como en un teatro», explica resolutivo este donostiarra de 35 años afincado en Valladolid. Ambos encarnan dos formas distintas de afrontar la cárcel que supone nacer con un sexo que no sientes.

Denisse, que eligió su nombre «por que es evocador y musical», lleva media vida de sus 44 años en Valladolid tras llegar con su familia del sur de España. En su prisión de masculinidad asoma una mujer que, de momento, se ha quedado a mitad de la pendiente. Hasta ahora, su proceso de feminización ha consistido en tomar hormonas para 'afilar' un físico de mujer. Un tratamiento de por vida cuyos visibles efectos no dejan de sorprender a cualquiera que se asome a la vida de una persona transexual. «No me considero más o menos transexual por operarme o no. Tendría que elegir entre la estabilidad laboral o la emocional. Es o mi trabajo o mi forma de ser. Sé que hay gente más valiente, pero yo, de momento, no he dado un paso más allá».

Por contra, Aitor ya ha superado la mastectomia y está cerca su cambio de sexo quirúrgico. Junto con la hormonación, empieza a sentirse ella. «Estoy viendo con 35 años lo que tenía que sentir con 15», dice con aplomo.

Dos caras, una moneda

Denisse y Aitor son las dos caras de la transexualidad. Ella quiere salir de él. Él quiere dejar de ser ella. Y todos se sienten como el último eslabón de la sociedad. Aún más después de las últimas normas aprobadas en la actual legislatura que han acercado a sus 'compañeros' homosexuales a los derechos civiles del resto de la sociedad. «Fuimos las primeras que tiramos del carro -protesta Denisse- hace muchos años. Pero los homosexuales tienen más fuerza y el transexual siempre ha ido por libre. El resultado es que seguimos siendo lo más bajo de la sociedad, lo peor visto».

Su historia, como el de la mayoría, arranca de una niñez normal en la que «fui feliz como chico hasta que, de repente, te descubres en el baño con la barra de labios, los zapatos de tu hermana mayor o sus medias -rememora Denisse-. Suele ir por fases, pero ves que vas a más». En su infancia, la crueldad infantil situaba a la niña que era Aitor en la categoría de los 'chicazos', esas que no jugaban a la goma o a cocinitas y preferían juegos de rudeza varonil. «La única vez que tuve pelo largo creo que fue en la primera comunión». El detonante, como en toda orientación sexual, llegó con la adolescencia. «Tu cuerpo se va modificando y no te sientes. Me veía como un bicho raro hasta que un documental con 18 o 19 años me abrió los ojos».

Cuando ya tuvieron claro qué les ocurría, la primera barrera a vencer fue la familiar. «Lo normal es que metan la cabeza bajo tierra y no quieran saber nada -admite Denisse-. En mi caso, lo saben. El día que les reuní y se lo dije fue tremendo». «Mi historia no es distinta. Por eso creemos que debería meterse la transexualidad en la educación para acabar con el desconocimiento», opina Aitor.

Ser transexual y dedicarse a la prostitución es un tópico, aunque cierto. Los periódicos y las cadenas piratas de televisión están llenas de ofertas de sexo 'trans' de pago. «Es una triste realidad. Gente como yo, que puede vivir de su trabajo, se puede contar con los dedos de la mano -afirma Denisse-. El 80% se dedica a la prostitución que es la forma más rápida de financiarse la cirugía».

Para alguien como ella, la situación global del colectivo pesa como una losa a la hora de plantearse el cambio definitivo. La transformación física le obligaría a una pirueta laboral y vital para la que no está segura de tener fuerzas suficientes. Aitor, que habla de su proceso de transformación con la firmeza que le da una total confianza en lo que quiere ser, su actual falta de empleo, supone un problema menos en el que pensar.

¿Esperar a la ley o buscarse un abogado para reclamar el cambio de identidad? La pregunta se la hacen contínuamente todos y cada uno de los transexuales que quieren salir de su invisibilidad. La reparación legal para este colectivo parece cercana. En breve entrará en el Parlamento el proyecto de Ley de Identidad de Género. Si es aprobada, establecerá el cambio de nombre y sexo en el Registro Civil y el DNI sin necesidad de una operación de cambio de sexo. Será, problablemente, la más avanzada del mundo.

Además, los colectivos 'trans' esperan que contemple la inclusión de las operaciones de cambio de sexo en el catálogo de prestaciones de la Seguridad Social. Esta opción ya ha sido regulada por las Juntas de Andalucía y Extremadura (esta última deriva a sus pacientes a su vecina por falta de medios). Como recuerda la presidenta de la Federación andaluza Colega, Charo Santos, «aunque hay transexuales que dan por resueltos sus problemas con el cambio de nombre en el carné, hay quien necesita operarse para llevar una vida satisfactoria».

Vía crucis médico y legal

Hoy día, la única opción es pasar por un costoso calvario de trámites médicos y legales que no siempre llegan a buen puerto. «Según el fiscal o el juez que te toque tendrás más o menos posibilidades. Hay magistrados que exigen la faloplastia (implantación del pene) para poder registrar un cambio», explica Aitor San José, que es vicepresidente del colectivo Así Somos (asi_somos@hotmail.com), portavoz en Valladolid de los transexuales.

Pero no solo con los jueces tienen problemas. La socióloga Lola Martín, que ha publicado un estudio, reconoce que «hay un gran desconocimiento entre los profesionales de todo tipo, que no saben cómo tratarles». En sus grupos de apoyo «hay transexuales de todos los ámbitos y profesiones, no solo de la prostitución, aunque es cierto que son mayoría por pura supervivencia». Sus estudios calculan que uno de cada 12.000 hombres nace en un cuerpo de mujer, frente a una de cada 30.000 mujeres que le ocurre al revés.

Los transexuales insisten en que lo suyo no es un transtorno sexual sino de género. Cualquier persona que se sienta atrapada en un cuerpo del sexo opuesto y quiera recibir tratamiento, pasa su prueba de fuego en la visita al psiquiatra. «Todavía hay muchos que dicen que eres simplemente un enfermo», lamenta San José. Si el informe psicológico del médico no es concluyente, el/la transexual no podrá continuar su camino, que le debería llevar al endocrino, para que le prescriba el tratamiento hormonal.

Reto médico

El camino final hacia el quirófano es una opción que, con la nueva legislación, no será determinante para reconocer los derechos a cambiar de sexo. Tampoco necesitarán acudir a la medicina privada o viajar al extranjero para someterse a mastectomias, faloplastias, vaginoplastias y toda la amplia gama quirúrgica.

Los médicos de la Sanidad pública ya se preparan para estos nuevos pacientes. La jefa de Cirugía Plástica del hospital General Yagüe de Burgos, Manuela Pérez Rugama, ha impartido cursos de formación. La doctora recuerda que «el cumplimiento de los protocolos, empezando por los test de personalidad, son básicos» y admite los riesgos de unas operaciones que «tienen que asumir y tener las cosas muy claras». Aún así, la medicina española es novata en la materia y los transexuales lo saben. «No me operaría en España ni loca. De hacerlo, me iría a Tailandia», asegura Denisse.

Los riesgos van mucho más allá del bisturí. Y, también entre los transexuales, la mujer se lleva la peor parte, ya que su proceso es técnicamente más complejo. Una «carrera de fondo» -resume Denisse- para quien las mujeres «somos más discriminadas que los hombres porque somos más visibles». Tampoco son mancos los riesgos para los que dan el paso hacia el varón. La pérdida de la menstruación, con lo que supone de cambio físico en un cuerpo joven, es el menor de ellos.

Aunque los caminos que han elegido cada uno son distintos, en el caso de Denisse y Aitor la determinación y las prioridades son claras. «A mí me corre más prisa la ley que la operación. Ahora mi DNI me margina y nadie me pedirá mi aspecto para acceder a un empleo», asegura Aitor. «Yo también quiero documentos acordes con el sexo que deseo para que no se cierren las puertas. El aspecto exterior ya lo decidiré yo», completa Denisse.

La ley no será para ellos/as el final de un camino sino el principio de otro: uno en el que «el término transexual deje paso a la persona que hay detrás». «Esa que puede estar a tu lado en la compra, sin más», añora Denisse.El catalán Javier Montilla ha reflejado en su libro 'Los expulsados del paraíso' (Milikalili Ediciones) todo el camino que lleva a una persona a dar el paso final de cambiar su sexo.

-¿Por qué hacía falta este libro?

-Como miembro activo del colectivo LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) siempre se ha reivindicado mucho los derechos de lesbianas y gais, pero desde el propio colectivo no se ha trabajado mucho por los derechos de las mujeres y los hombres transexuales, quedando al margen de sus demandas. Creía necesario que 'Los expulsados del paraíso' fuera una buena herramienta de pedagogía social para eliminar barreras. La sociedad tiende a tener miedo de lo que desconoce y eso solo produce rechazo.

-¿Qué falta para ser equiparados y en qué fase está ese objetivo?

-En breve se va a presentar en el Congreso el proyecto de Ley de Identidad de Género, que va a permitir a las/los transexuales poder modificar su sexo legal y registral sin necesidad de pasar por un quirófano. Supondrá el fin de la vulneración de derechos fundamentales de las personas transexuales como el de la dignidad, intimidad y seguridad. Así termina la falsa legitimidad que suponía un documento público que no identifica sino que margina. En la actualidad muchos transexuales llevan un DNI que realmente es un cartel gigante donde dice «soy un hombre o una mujer transexual... por si no te has dado cuenta». Aún faltará el tema de las prestaciones de la Seguridad Social a las operaciones de reasignación de género en todo el país. Únicamente Andalucía, Extremadura y, en breve, Aragón financian las operaciones. Pero no solo estará pendiente la financiación de las operaciones para la persona que lo desee, habrá que seguir trabajando, como siempre, el apoyo personal, que es fundamental. Otro de los puntos básicos y que más preocupa es la desatención que actualmente hay a preadolescentes y adolescentes transexuales, y sus consecuencias. Habrá que seguir trabajando para que, los que vengan detrás, no sufran por algo que tiene solución mucho antes.

-Respecto a la situación legal en otros países, ¿a qué distancia estamos de Europa?

-La ley nos va a permitir estar en la cabeza de Europa en derechos civiles. Reino Unido tiene una ley similar a la Ley de Identidad de Género, y por supuesto una ley de uniones civiles para lesbianas y gais. Eso sí, falta una educación para la ciudadanía que en otros países, por ejemplo los escandinavos, se da, de respeto, tolerancia. Pero hay que estar satisfechos porque este país avanza hacia el respeto de los derechos de sus ciudadanos.



Vocento