Hace años los vecinos de la comarca lo bautizaron como el pueblo de los panaderos, llegando a ser más de setenta los habitantes que se dedicaban a este oficio. La fama del pan 'flor de harina' era tal que se idearon canciones y danzas en honor a las panaderas, que con el paso de los años han seguido amenizando las fiestas locales. La popularidad quedó incluso reflejada en la indumentaria y las costumbres, ya que el traje típico palentino es el de los antiguos panaderos grijotanos, como se puede observar en la fachada del palacio de la Diputación Provincial.
Hoy en día, esta tradición ha pasado a un segundo plano y en Grijota no queda ningún vecino que se dedique profesionalmente al oficio que tanta reputación le acarreó a la localidad tiempo atrás. El pan ha cedido así el protagonismo al suelo, a la piedra, a los ladrillos, a las grúas, al cemento y a los cascos. A escasos kilómetros de la capital, el pan ha cedido el protagonismo y a Grijota se le conoce como el pueblo de los chalés, del campo de golf y de la expansión urbanística.
Con este anhelo, el Ayuntamiento ha modificado sucesivamente los planes generales de ordenación urbana y en pocos años ha conseguido lavar la cara a Grijota. «Ahora estamos trabajando con la última promoción de viviendas. En tres legislaturas hemos creado más de dos mil viviendas», señala el alcalde, Juan Carlos Pando, que además matiza que este crecimiento le ha reportado beneficios a la local. «Podemos estar orgullosos porque Grijota es uno de esos pueblos que ha conseguido aumentar el censo municipal», agrega.
De planta baja, adosadas, unifamiliares, con jardín y piscina, de primera o de segunda residencia. Grijota se ha convertido en el capricho de las empresas constructoras y la gama de viviendas se expande a las diferentes necesidades de la población actual. El Ayuntamiento suma esfuerzos y busca recrear el ambiente perfecto con la mejora de los servicios y de las comunicaciones. «Una obra fundamental ha sido el nuevo acceso a la localidad, para evitar el cruce tan peligroso de la entrada», matiza.
El protagonista ya no es el pan y las grúas se han convertido en la imagen cotidiana de Grijota.Si a la tranquilidad y el sosiego del medio rural unimos los servicios y las comodidades de la urbe, se obtiene uno de los pocos antídotos con los que se puede combatir la temida despoblación.
Grijota ha abierto sus puertas de par en par a la capital, a los jóvenes, a los empresarios. Grijota ha aumentado el número de casas abiertas, ha incrementado sus servicios y ha conseguido frenar el descenso de población. El esfuerzo ha merecido la pena y hoy en día es el lugar elegido por muchos constructores para fijar allí una urbanización o zona residencial, que al fin y al cabo dejan dinero.
Dadas las expectativas del actual campo de golf, está prevista la puesta en marcha de uno de mayores dimensiones. «El campo de golf actual es de 9 hoyos. El nuevo será de 18 hoyos y contará con más instalaciones, como spá, sauna, hidromasaje o gimnasio», señala el alcalde, Juan Carlos Pando, que además estima que las obras concluirán a finales de este año.
Si hay una asignatura pendiente es la de conseguir que aquellos que solo viven en Grijota para dormir, acaben apostando por la localidad como el lugar idóneo para dejar a sus hijos en el colegio o para poner en marcha un proyecto empresarial emprendedor. «La idea no es vender Grijota como una zona residencial de élite, sino como un pueblo que está luchando para que sus vecinos disfruten de una mayor calidad de vida con numerosos servicios, como la reciente línea de transporte público a la capital, como el polideportivo o como la programación cultural y social que se organiza cada año para todos los vecinos», manifiesta Pando. Próximo pueblo: Villaconancio