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Domingo, 19 de febrero de 2006
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Nos miran
Acabo de hablar con mi hermana que está tan desesperada como yo. Quería que le acompañase a la concentración del Foro de Ermua en Bilbao. No puedo, porque estoy de guardia todo el fin de semana y no puedo desplazarme tan lejos de mi hospital. Concha, mi hermana, me ha dicho: «Si es que no puede ser, Paco, no puede ser, la gente no quiere escucharte, ni saber nada del asunto, pero es que hay mucha gente, muchos familiares que nos miran y nos preguntan: '¿nos vais a dejar tirados?'». Y esa es la gran verdad. Mucha gente que ha perdido a sus padres, hermanos, maridos, hijos mucha gente, demasiada gente, nos mira. Nos miran entristecidos y angustiados. Yo he visto esa mirada muchas veces cuando das una mala noticia. Te miran a los ojos, al fondo de los ojos, y te dicen: «¿No me irá a abandonar ahora?». Si ustedes reciben un correo con el archivo 'tragedia', como lo he recibido yo, verán esos ojos. Yo no puedo estar en Bilbao, pero sí estaré en Madrid con las víctimas. Estaré con ellas siempre que me lo pidan. Estaré con los que lo perdieron todo para que yo y mis hijos pudiéramos vivir en un país con respeto a la ley y a la libertad. Un país digno, que diera garantías a sus ciudadanos de que no serían víctimas del chantaje, que el más fuerte no reinaría sobre el débil. Que el asesino no andaría libre, pavoneándose delante de la casa de la mujer a la que dejó viuda. Un país donde sería la mayoría y el respeto a la ley lo que nos gobernaría, no el terror y el miedo. Tenemos un presidente miedoso, pero, ¿y nosotros?

Yo quiero la paz, pero no existe paz sin justicia. No es venganza. La venganza tuvo un nombre en este país: GAL. Lo que pedimos es paz y justicia, no negociaciones ni cesiones, sino victoria de la justicia y derrota del terror. Yo les miraré el siguiente sábado a los ojos. ¿Y usted, señor presidente? ¿Se lo permitirá su agenda?

Francisco Igea Arisqueta



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