 Pablo Grande, médico del Real Valladolid, se queja del impacto de un objeto en su cabeza mientras el fisio del club y Pedro López solicitan la presencia del árbitro. / R. GÓMEZ
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EL DATOEL PARTIDO
LO MEJORLO PEOR |
PUNTO
El Real Valladolid ha sumado un punto en los tres partidos que lleva en la segunda vuelta. En la primera sumaba seis puntos.Alineaciones
Nástic: Álvaro; Ruz, David García, Jaio, Llera; Abel, Morales; Cuéllar, Ismael Irurzun (Merino, m. 63), Diego Reyes (Codina, m. 77); Ekpoki (Diego Torres, m. 67).
Real Valladolid: Bizzarri; Pedro López, Pablo Casar, Mario (Correa, m. 85), Teo; Sousa, OJ Morales; Álvaro (Tote, m. 71), Víctor, Chema (Llorente, m. 46); Losada.
Los goles
1-0. min. 26. Irurzun remata a la red tras un centro desde la izquierda de Diego Reyes.
2-0. min. 41. Córner que cabecea en el primer palo Abel.
3-0. min. 54. Falta lateral que bota el Nástic y remata Irurzun anticipándose a Teo.
3-1. min. 58. Córner que cabecea Losada y Víctor remacha en el segundo palo.
3-2. min. 89. Falta lateral que bota Víctor y Sousa, de espuela, marca de vaselina por encima del portero.
El árbitro
Martínez Franco, del colegio murciano. Amonestó a los locales Cuéllar y Jaio y a los visitantes Losada, Chema, Sousa, Álvaro y a Pedro López en dos ocasiones, por lo que fue expulsado en el minuto 84.
Incidencias
Nou Estadi. 10.000 personas.Bizzarri
Cuando el portero es el mejor, malo. Y Bizzarri lo ha sido los tres últimos encuentros.Sin solución
Marcos Alonso no sabe qué hacer con este equipo. Sigue sin sacar rendimiento a una gran plantilla.
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El combate entre Real Valladolid y Nástic fue desigual desde antes de salir. A los blanquivioletas les ataron las manos a la espalda y les marcaron con pintura roja los puntos débiles. Y al Nástic le dejaron competir con sus mejores armas, sin renunciar a nada y con el apoyo de toda la grada y de su propia moral. El resultado, obviamente, fue un vapuleo descomunal a favor de los locales.
Marcos Alonso quiso que su equipo actuara como un 'sparring' encajador. Para empezar hizo caso omiso de la lógica y siguió con su empecinamiento en colocar a Teo como lateral zurdo. Primera indicación para el Nástic de por dónde podía hacer daño. Por ese lado entraba el veteranísimo Cuéllar, auxiliado por las caídas a la banda de Ismael Irurzun, uno de esos jugadores de calidad que pululan por la Segunda División sin saber muy bien por qué. Golpearon duro y al hígado, sin piedad. Destrozaron a Teo con el consentimiento de Marcos Alonso, que asistió desde la banda a una demostración de cómo quebrar moral y futbolísticamente a un jugador joven.
Por ahí llegaron muchos de los problemas del Real Valladolid, pero no los únicos. Luis César Sampedro, desde su esquina, también pegó. Las jugadas a balón parado pillaron siempre a contrapié al Valladolid, que no aprendió en ningún momento a contrarrestar un movimiento que se repitió una y otra vez. Dos hombres al saque y balón al primer palo para que lo peine alguien. Tres de ellos no llegaron, libres de marca, por los pelos, y es una expresión literal. En otro, el Nástic hizo el segundo gol.
Para que no quedara ninguna duda sobre de qué lado iba a caer el KO, Marcos Alonso decidió atar las manos a su equipo. Puestos a jugar al pelotazo, qué mejor que dejar a Llorente en el banquillo y jugar con Víctor y Losada como espectadores. Y Víctor, del que había dicho que no sabía si estaba para muchos trotes pero que podía ayudar, fue titular y jugó como si tal cosa hasta que cayó rendido. La banda izquierda, con Capdevila ausente, quedó para lo que pudieran hacer Teo y Chema. El resultado fue que no podían hacer nada. En defensa resultó un coladero. Y en ataque, una nulidad. Teo al menos intentó dar un par de pases en profundidad. Chema no se fue de nadie.
Bizzarri salva el caos
El técnico solo puso un obstáculo para evitar la paliza: alineó a Bizzarri. Claro que el reglamento le impide jugar sin portero. El argentino evitó con una serie de intervenciones sensacionales que el resultado al descanso fuera de 4-0. Y es que una cosa es acabar en la lona y otra que te humillen.
A estas alturas del partido, de lo único que no cabía duda era de la profesionalidad y la entrega de los jugadores. El equipo estaba picado consigo mismo, con los rivales, con el resultado y con el mundo en general, así que se vieron hasta conatos de tángana en varias acciones del encuentro.
El partido fue totalmente propiedad del Nástic, que dominó en todo momento a su rival. Luis César Sampedro, contrariamente a lo que hizo su rival en el banquillo, dejó los experimentos para otro día. Se limitó a poner a los de siempre, cada uno en su sitio, y a pedir concentración y tranquilidad. Con eso, y con la inercia positiva que supone tener a los jugadores motivados por verse arriba en la tabla, el Nástic desarboló a un Valladolid paupérrimo, sin ideas, ni juego, ni carácter.
Solo el coraje de los futbolistas blanquivioletas hizo que el desastre no fuera a peor. Después de noventa minutos de golpes en una sola dirección, el equipo aún se mantenía de pie. Lo hizo gracias a dos goles a balón parado y a que el árbitro anuló injustamente el cuarto tanto de los tarraconenses. El Real Valladolid, 'groggy', se tambaleaba pero se resistía a caer. Aunque claro, si hasta entonces no había tenido claridad, menos aún la iba a tener con la mente nublada por los puñetazos rivales.
Goles irreales
La resistencia sirvió para dar un pequeño susto a los de Sampedro, pero era un espejismo. Un saque de esquina, ya con 3-0 en contra, permitió a Víctor, tras cabezazo de Losada, hacer el primero. Y una falta lateral, ya en el 89 y segundos después de que el colegiado anulara el cuarto tanto local, acabó con un remate de Sousa que superó por alto al guardameta. Un 3-2 irreal que permitió que el partido continuara con un cierto grado de emoción, pero poco más. El Valladolid de Marcos Alonso, entonces en inferioridad numérica por la expulsión de Pedro López, era irreconocible. El técnico confundió el concepto de 'no rendirse nunca' con el de 'a por todas como sea' y amontonó jugadores de ataque en una alineación que no se sostenía en nadie. Solo Bizzarri, bajo los palos, tenía lógica. Los demás eran puro brindis al sol. En defensa, Losada como lateral derecho, Teo por la izquierda y Casar junto a OJ Morales. Por delante, Sousa y a veces Víctor. Más adelante, en anárquica mezcolanza, 'Petete' Correa, Llorente y Tote.
En medio de este desaguisado táctico, el Nástic de Luis César Sampedro seguía igual, pero con hombres de refresco. Merino por Irurzun, Diego Torres por Ekpoki, y Codina por Diego Reyes. Todo con orden, lógica y criterio. Es decir, las armas que bastan para destrozar a un 'sparring' cuyo entrenador tiró la toalla desde la esquina antes de que pudiera enfundarse los guantes.
Más información
Foro de debate sobre el Real Valladolid y más información en el blog de Antonio Encinas en www.nortecastilla.es