Una burgalesa que se dirigía a su trabajo no pudo ni imaginarse lo que se le venía encima cuando entró con ella en el ascensor un joven, que pulsó el botón del sexto piso al conocer que ella iba al duodécimo. Una vez en la sexta planta, el sujeto dijo que se había equivocado, y pulsó el botón de los pisos inferiores mientras agarraba a la mujer violentamente por el cuello y la presionaba el abdomen con un objeto punzante, exigiéndola el dinero que llevaba. El hombre vació en el suelo del ascensor el bolso de la víctima y se apoderó del dinero en billetes y monedas que tenía. En ese momento se bloqueó el ascensor, y el ladrón obligó a la mujer a permanecer agachada sin mirarle a la cara, y a recoger el contenido del bolso.