En medio de las llanuras de la comarca de Tierra de Campos, en esta época del año. teñida de colores pardos y grisáceos, asoma con un cierto aire de estupor la laguna de Boada, un humedal de algo más de sesenta hectáreas que fue desecado en la década de los años setenta con la concentración parcelaria, privando a miles de aves migratorias de un destino de gran valor medioambiental y uno de los pocos reductos que existen en Europa para su subsistencia.
Sin embargo, en 1998, y tras la exitosa iniciativa de recuperación de la laguna de la Nava, la Fundación Global Nature se encargó de salvar y restablecer este enclave natural para las avutardas, las ortegas o las calandrias. De este modo, con la recogida natural del agua de las lluvias y con aportes artificiales procedentes del Canal de Castilla, este paraje se ha convertido de nuevo en el terminal y cuartel de invernada de aves migratorias, configurando al mismo tiempo la localidad de Boada en uno de los lugares elegidos por curiosos y amantes de la naturaleza ávidos de observar los comportamientos de las aves. El descubrimiento de sus hábitos puede requerir grandes dosis de paciencia cuando se trata de especies discretas como la terrera común. Otras, en cambio, son más llamativas y dignas de grabar en la retina, como los rituales que llevan a cabo entre los meses de marzo y junio, cuando las aves cantan intensamente para delimitar su propio terreno o cuando las avutardas y sisones realizan espectaculares cortejos.
Estos atractivos ceremoniales y otras curiosidades de este humedal se podrán entender mejor a partir de la próxima primavera, cuando está previsto que entre en funcionamiento el llamado Centro de Interpretación de la Laguna en Boada. Para ello, el Ayuntamiento está trabajando en los preparativos de la que puede ser una de las soluciones de futuro que le quedan a una localidad que no registra más vida que la de una veintena de vecinos dedicados a la agricultura. «Hemos elegido el edificio que albergará el centro y estamos pendientes de comenzar con las obras de acondicionamiento, habilitándolo para las visitas. Intentaremos que además de observar a las aves, los que nos visiten puedan conocer otros encantos de Boada, como su iglesia», señala con satisfacción el alcalde, Luis Carlos Castañeda.Si Boada quiere abrir sus puertas y mostrarse a la mirada de curiosos, viajeros y turistas atraídos por sus valores ecológicos y medioambientales, deberá cuidar su estética urbana. El Ayuntamiento y los vecinos no dudan de ello y han acordado poner en marcha expedientes de demolición de varias casas viejas, construcciones de adobe y tapial que en su mayoría ya están abandonadas y en ruinas.
La tarea es ardua y difícil cuando dentro del casco urbano el predominio de las ruinas sobre las casas en pie y acondicionadas es prácticamente absoluto. Incluso puede complicarse aún más cuando el solar en cuestión ha sido objeto de disputa de herencias familiares y es propiedad de varias personas, quienes no se ponen de acuerdo para tomar una decisión.
Pero el consistorio ya ha estudiado de antemano estas trabas e inconvenientes y ha determinado que en estos casos será el propio Ayuntamiento el que se haga cargo y acometa la demolición del solar y el consiguiente vallado. «La limpieza de los terrenos derruidos se debe principalmente a motivos de seguridad. No podemos correr el riesgo de que un vecino o cualquier otra persona que pasee por una calle sufra un accidente por el derrumbamiento o caída de una pared», señala el alcalde de Boada, Luis Carlos Castañeda Lopezuazo, que al mismo tiempo matiza que la estética también es importante. «Recomendamos la construcción de muros de ladrillos para mejorar la armonía entre las construcciones y evitar que Boada parezca un pueblo abandonado en el tiempo», agrega el regidor.Próximo pueblo: Torremormojón