Ahora que tiene «una cara como todo el mundo», Isabelle Dinoire desea recuperar una vida «normal» y que su trasplante parcial de rostro sirva para ayudar a otros, como a las cinco personas que esperan ya en Francia una autorización sanitaria. Recuperar una vida «normal» con sus dos hijas y volver al trabajo, sin ser «acosada» por la prensa, es el principal deseo que acaricia Dinoire, de 38 años, que ayer desveló su rostro y su identidad en una conferencia multitudinaria trasmitida en directo por televisiones de todo el mundo.