Logroño. Un comedor social para personas sin hogar. Un cartel en la entrada solicita a los usuarios que apaguen su móvil durante el almuerzo. ¿Indigentes? ¿Celulares? La primera lectura es inmediata: «¿Qué paradoja que alguien que duerme en la calle tenga teléfono móvil!». Pero, si se analiza desde la perspectiva de los expertos en exclusión social, para quien no tiene nada, ni un buzón del que recoger sus cartas, un simple número de teléfono le proporciona un lugar en el mundo, un punto de referencia donde ser localizado, que apenas ocupa espacio y siempre se puede llevar encima.