Javier Fernández Cisneros (Pedrajas de San Esteban, 1957) ha alimentado su afición por los toros desde pequeño. Lo ha hecho con la investigación sobre curiosidades del mundo del toreo y, además, atesora un particular museo de cintas de vídeo, libros, carteles, revistas, cartas y entradas de festejos emblemáticos. Además, es secretario de la Asociación Taurina y Cultural de Íscar.
-¿A qué se dedica un aficionado a lo toros durante los meses de invierno?
-A valorar lo que ha sido la temporada, estar atento de cuanto acontece y va a repercutir en la próxima, establecer contactos con cuantos ganaderos, novilleros, toreros y rejoneadores se hacen acreedores de los premios de la feria de Íscar que nuestra asociación otorga cada año. Además, preparamos los temas de las charlas y coloquios que organizamos y aquellas a las que últimamente nos invitan para participar como ponentes. En definitiva, hay actividad más que de sobra para no aburrirse aunque no haya festejos a los que acudir.
-¿Resulta caro ser aficionado a los toros?
-No es ni caro ni barato. Cada persona tiene una afición y debe saber hasta dónde puede llegar con ella. Aunque pueda parecer mentira, muchas de las cosas relacionadas con la tauromaquia y el mundo del toro que he ido atesorando a lo largo de mi vida, me las han proporcionado de forma desinteresada desde los propios protagonistas a gente normal que sabían de mi afición.
-Cosas como por ejemplo
-Desde la cabeza del legendario toro 'Polvorín', que luego se convertirá en objeto de una profunda investigación que dio origen a mi primer libro, pasando por la divisa que llevaba el último toro lidiado por Cristina Sánchez el día de su despedida, la tabla de un burladero de la plaza de Las Ventas o la que, según después me han hecho saber sus propios hijos, fue de las ultimas cartas que escribiera de su puño y letra el mítico ganadero sevillano Eduardo Miura antes de morir.
-Hablando de 'Polvorín', ¿a la gente le ha gustado saber lo que de realidad y leyenda encerraba dicho toro?
-No solo le ha gustado, como prueba el hecho de que la edición esta agotada, sino que, a través de lo que en el libro he tratado de desvelar, la gente ha descubierto muchas cosas que, sin ser del todo desconocidas, nadie sabía a ciencia cierta sobre su origen real.
-Dicen que cuando se pone a seguir la pista a alguna cosa curiosa sobre su afición, no para hasta ver un resultado. ¿Ha descubierto algo nuevo últimamente?
-Pues curiosamente sí, y relacionado con una de las más legendarias ganaderías de la cabaña brava española, como era la del Raso de Portillo. Recabando datos para una charla en la que últimamente he participado como ponente, a través de un estudio detallado de una partida de nacimiento, se puede decir que los ganaderos vallisoletanos Victoriano y Toribio Valdés, que en todos los libros figuraban como hermanos, en realidad no lo eran.
-Como buen aficionado, ¿no ha sentido la tentación de debutar, aunque fuera en un tentadero a puerta cerrada?
-Sí, pero me falta lo mas importante, tener valor para ponerme delante de un becerro o un eral. Pero si por debutar también se entiende hacer el paseíllo en una plaza de toros, eso sí lo he hecho, y en la primera plaza del mundo, en Las Ventas, el 15 de agosto, día de la Virgen de la Paloma del año pasado, como monosabio. Para mí fue todo un orgullo. Estoy muy agradecido a cuantas personas me echaron una mano para cumplir ese deseo, del que creo que tengo un reportaje fotográfico y videográfico bastante más amplio que del día de mi boda.