Bernabé Moya, botánico y jefe del departamento de Árboles Monumentales de la Diputación de Valencia, asegura que se trata de una de las encinas más importantes, no solo de Castilla y León en general, y del Bierzo en particular, sino de toda España. Por su valor botánico, se calcula que pueda tener entre los 500 y los 800 años de edad. Posee unos diámetros, unas dimensiones y un soporte realmente poco frecuente.
Esta encina de Otero, auténtico ejemplo de los denominados árboles monumentales, guarda un porte bastante natural que le confiere un valor, en términos botánicos, excepcional. Bernabé Moya explica que en su trabajo conoce encinas con mayor perímetro y, sin embargo, el porte de este ejemplar es muy especial.
Desde el punto de vista histórico y cultural, esta encina constituye un elemento paisajístico de extraordinario valor, que caracteriza doblemente a este árbol monumental. Por un lado, por lo que representa para este municipio y su entorno; por otro, por el valor intrínseco que le confieren sus vecinos.
Moya valora además positivamente el punto de ubicación en el que se encuentra, junto al cementerio de Otero, lo que la convierte en un «árbol protector» de la localidad leonesa. «Una de las cosas que más me ha emocionado» -destaca Bernabé Moya con respecto a este espécimen natural- «es la experiencia que tuve cuando vine hace una año a estudiarlo tras la rotura de una de sus ramas, cuyo peso superaba las diez toneladas, y fue el cariño que observamos que tenían los habitantes de este pequeño municipio berciano a este árbol tan singular».
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Antes de tomar ninguna decisión en cuanto a las acciones a emprender sobre esta encina enferma, el departamento de botánica celebró un concejo municipal bajo la encina con todos los vecinos. El jefe del departamento afirma que fue una gran lección de participación y toda una lección de historia. El objeto de este encuentro con los vecinos fue explicarles, desde la experiencia y la investigación llevada a cabo, la gravedad y el diagnóstico por el que este árbol monumental estaba pasando, así como aconsejarles sobre qué medidas sería necesario tomar para tratar de recuperarlo, evitando que se deteriore aún más de lo que está en la actualidad.
En Otero, es tal el cariño que sus vecinos sienten por esta encina que, cuando alguien fallece, la frase que se suele decir es «vamos a llevarlo a la encina». Se trata de un árbol que recoge toda la tradición de un pueblo, no solo en lo que concierne al pasado, sino también en lo relacionado con su futuro.
El estado de salud de este árbol monumental berciano es crítico según el departamento de botánica de la Diputación de Valencia. Moya afirma que esta encina está gravemente enferma. El problema esencial, de los muchos que tiene, es el de la biomecánica. Es decir, cómo se comporta una estructura con varias toneladas de peso que mide 22 metros de altura. Una estructura que para mantenerse intacta debiera contar con unos huesos muy fuertes para aguantar su peso, al igual que el de la palanca y los agentes atmosféricos que actúan sobre ella, como el viento o la nieve.
En cuanto a la parte superior de este árbol, Bernabé Moya, destaca que el estado biomecánico tiene un aspecto aceptable, sin embargo el gran problema está en la caña, en el tronco central, puesto que está completamente hueco, agravando el resto de su estructura que no es uniforme. Moya pone de manifiesto la existencia de varios fragmentos que han sido arrancados por diferentes causas y a los que les falta la conducción de savia y que carecen además de resistencia mecánica.
Para este departamento de botánica valenciano, este ejemplar es un árbol al que se podría diagnosticar «osteoporosis», con una degeneración de su esqueleto que no deja de ser nada más que madera.
Posible rotura
Los trabajos de poda que se están realizando se encuentran dentro de una primera intervención que se está poniendo en marcha en varias fases, y que se prolongará según vaya respondiendo el propio enfermo con el trascurso de los años, para tratar de conservar el árbol con la forma que tiene, pero disminuyéndole la vela y sujetando la carga. «Tenemos un anciano, que además tiene debilitado sus huesos, lo que le afecta negativamente en toda su estructura», sentencia Moya.
Para el departamento de expertos, este es un primer auxilio que puede calificarse de emergente y necesario para tratar de evitar que bien todo árbol, o bien alguna de sus ramas se desplomen.
Dentro de dos o de cuatro años se analizará cuál ha sido la respuesta a esta primera acción y se decidirá posteriormente con qué nueva intervención se puede completar el tratamiento.
Finalmente, un análisis realizado de su estado patológico, desde el punto de vista del nivel de organismos biológicos que viven en él, permite conocer si existe un desarrollo patológico importante que esté dañando el árbol. En este caso, y tras analizar todos elementos, se ha puesto de manifiesto que en el tratamiento que está siendo impartido en la encina de Otero no es preciso llevar a cabo ningún tipo de mejora que afecte directamente a su entorno porque todo está ajustado a niveles normales.