Que los viajeros de fuera son los que se decantan por la autovía y han dejado de entrar y parar en la ciudad lo han podido constatar los comerciantes y hosteleros de Toro, que han visto mermar su volumen de negocio entre un 15% y un 20%. Este fenómeno se deja notar, sobre todo, en los establecimientos que están al lado de la travesía de la N-122, donde transportistas o viajeros paraban a comer, a tomar un café, a adquirir productos de la tierra o, incluso, pernoctaban. Ahora prefieren seguir viaje y hacer la parada, previsiblemente, en Zamora, una vez que ya dejan la autovía; hasta el punto que algunos empresarios han decidido adaptar su negocio a la nueva situación.